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Mayo022009

FIN DE SEMANA
  


Se me acercó lentamente, se quedó de pie delante de mí y me dedico una media sonrisa, mostrándome la línea superior de sus perfectos dientes blancos. Puso las manos sobre mis hombros y poco a poco fue descendiendo, recorriendo mi espalda, hasta llegar a la cintura, bajé la mirada, creo que estaba roja de los nervios, no estaba acostumbrada a que los chicos me tocaran con esa dulzura. Inclino ligeramente la cabeza, se fue acercando poco a poco, la sangre me hervía, estaba muy nerviosa, ¿iba a besarme?, en ese momento me di cuenta, me gustaba, ya no merecía la pena negarlo, no serviría de nada. Sus labios estaban cada vez mas cerca de los míos, cuando estaban escasamente a unos milímetros dijo feliz cumpleaños, y justo antes de llegar a las comisuras de mis labios giró la cabeza ligeramente y me besó la mejilla. Me quedé petrificada, no podía creerlo, me había hecho unas entupidas ilusiones.


 


- Tengo que darte tu regalo- me susurro ligeramente al oído.



- Vvvaaleee- dije, estaba tan nerviosa, que ni siquiera se si se me entendió.



- Espero que te guste…



- No importa lo que sea la intención es lo que cuenta.



- Toma- dijo mientras se sacaba del bolsillo una pequeña cajita, típica de las joyerías.



- ¿Qué es?



- Tendrás que abrirlo para averiguarlo- me lo susurró al oído y después me beso el cuello.


 


Lo abrí lentamente, las manos me temblaban, creo que aun no me había recuperado de la emoción de cuando creía, bueno, que me iba a besar. Era un anillo preciso con mi nombre grabado, solo mi nombre, no penséis nada mas, que solo aparecía eso, he de reconocer que era un anillo precioso. Él se quedó mirando, esperando mi reacción le sonreí, me puse el anillo y en una especie de acto reflejo le di un rápido beso en la mejilla, pero en ese instante el me sujetó de los hombros fuertemente impidiéndome cualquier movimiento, estábamos uno frente al otro a pocos centímetros,  no me quise volver a hacer ilusiones, pero los nervios recorrían mi cuerpo de forma involuntaria, nos quedamos mirándonos a los ojos un buen rato hasta que se rompió el hermoso silencio.


 


- ¿de verdad te ha gustado?- dijo, sin soltarme aun.



- Si, te lo juro, es precioso.



- Lo compré hace mas de una semana- me soltó lentamente mientras hablaba.



- ¿En serio?- asintió sorprendido por mi incredulidad- Gracias de verdad Edu, estos detalles se aprecian mucho, te lo juro, pero hay algo que querría saber.



- Lo que quieras.



- ¿Por qué no has venido a la fiesta? ¿Es que no te han invitado?



- Si, si me lo dijeron, puse dinero para ir, pero…



- ¿pero…?



- No te lo puedo decir, lo siento.



- ¿Cómo?



- Es que no puedo Marina, lo siento, pero es mejor que no lo sepas.



- ¿Qué me quieres decir con eso? ¿Has estado cometiendo un delito o que?- se rió, lo reconozco era una estupidez- ¿No le habrá pasado algo a algún familiar tuyo?



- No, tranquila, no es nada grave, pero preferiría no contártelo.



- Vale, cuando quieras decírmelo, aquí estaré.



- Lo sé, pero reitero que es mejor que no lo sepas.



- Esta bien, supongo que lo de irte a tu pueblo era mentira.



- Supones bien, pero no sabía que inventarme.



- La próxima vez prueba a decir la verdad.



- Si, pero entonces no te habrías sorprendido al verme en tu cuarto.



- Supongo que hay llevas razón, la verdad, aun me cuesta creer que hayas saltado por el patio.



- Saltar no hace falta, solo estirar un poquito las piernas.



- Aun así, podrías haberte matado.



- Ha merecido la pena solo por ver tu cara al verme aquí sentado, como si creyeras que soy un violador o algo así- se comenzó a reír.



- Reconozco que ha tenido que ser gracioso, por cierto, tus padres no saben que estas aquí ¿o si?



- No, y como se enteren me matan.



- Si, porque eso de ir saltando de ventana en ventana…



- Yo me refería mas bien a eso de estar en casa de una chica a solas con ella a estas alturas de la noche- miré el reloj eran las una y media de la mañana.



- Desde luego a mis padres también les daría un ataque, aunque no estamos haciendo nada malo- se rió de forma muy sugerente.



- Por ahora- me agarró de la cintura.



- ¿Es una proposición?



- Por ahora solo es una sugerencia- dijo mientras me soltaba.


 


 Me tenía muy despistada, si yo no le gustaba por qué se comportaría de esa manera, a lo mejor se comportaba así con todas las chicas y yo solo era una mas en su lista de jovencitas que han caído en sus redes, pero yo nunca lo había visto comportarse de esa forma con ninguna de las chicas del instituto, es mas, yo era casi la única con la que hablada de forma regular, no se, a lo mejor solo estaba de broma, o tal vez y solo tal vez yo le gustase y él intentaba sopesar mi reacción antes de seguir avanzando. Eso era poco probable, nos conocíamos desde hacía ya tres meses, y lo de tomárselo con calme vale, pero esto ya me parecía excesivo. Opté por la opción mas fácil, la que me resultaba más creíble y a la menos dolorosa, estaba de coña, seguro, o al menos eso era lo que yo quería creer.


 


- Marina, que sigo aquí, ¿En que estas pensando?



- Oh, es que se me ha ido la mente a otra parte, perdona.



- Creo que es tarde, debería irme- se asomó a la ventana, como si fuese a saltar, pero vaciló, se quedó esperando algo, supuse que quería que yo hablase.



- ¿Por qué no te quedas? Mis padres no están y podríamos hablar un rato- observé como se le iluminaban los ojos ante mi proposición.



- ¿Estás segura?



- No tienes porque es solo que me apetecía hablar, la verdad es que sabemos poco de la vida del otro nosotros dos.



- ¿Poco?



- Bueno lo sabemos prácticamente todo desde que nos conoces, pero hay más de dieciséis años de historia que no conocemos.



- Es una excusa un poco tonta, pero cualquiera me vale para quedarme contigo- me acarició la mejilla mientras hablaba.



- ¿Has cenado?



- La verdad es que no, porque mis padres han llegado muy tarde.



- Claro, y tu no sabes hacerte la cena, hombre…- nos reímos.



- Si que se, solo es que no me apetecía nada.



- Bueno, ya son casi las dos de la mañana, pero si te apetece picar algo solo tienes que decirlo, mis padres me han dejado bien provista de comida para este fin de semana.



- Pues ahora que lo dices- le rugió el estómago justo en ese instante- ups, pues si que tengo hambre.



- Sino es por mi te podría dar un desmayo o algo esta noche.



- Mi salvadora…- dijo poniéndose de rodillas.


- Esta bien, venga, vamos a la cocina antes de que te de un jamacuco, no quiero enfermos en mi cuarto.


- Te sigo jefa.


 


Fuimos a la cocina, la verdad es que yo también tenia hambre, casi no había comido en mi fiesta, solo bailar y hablar, lo de comer lo deje, porque era difícil acercarse a la mesa de la comida con tanta gente por allí. Bueno, volviendo a la cocina, cogí un par de cosas para picar, lo típico, galletas, bolsas de patatas, algo de beber, pero como lo veía con hambre, decidí hacer una pizza de esas de microondas, no ve iba a poner a cocinar a las dos de la mañana. Estuvimos hablando en la cocina hasta que nos lo terminamos todo, me di cuenta de la cantidad de comida que era capaz de ingerir Edu, era casi de Guiness.


 


- Te ayudo a recoger ¿vale?- me dijo mientras cogía los papales y los tiraba a la basura.



- Está bien, pero tampoco es que haya mucho que recoger.



- ¿Vamos a dormir juntos?



- Ósea que piensas quedarte.



- Si quieres me voy, no, no si yo prefiero que te quedes, y si estaremos en la misma cama, pero eso de dormir…



- Uy, ¿pero qué piensas hacerme?



- Mal pensado- le propiné un codazo- me refería a que íbamos a estar hablando.



- Mal pensada tú, yo no me refería a eso.



- Ya seguro, bueno que ¿vamos a la cama?



- Por supuesto, para hablar, solo para hablar.


 


Nos tumbamos sobre mi cama, vestidos, ni si quiera con pijama, no era cuestión de cambiarme con él allí, la verdad es que me había visto en pijama muchas veces, y recién levantada, con un pelo que prefiero no describir, pero nunca me había importado, no se por qué esa noche si, quería que me viera tal y como iba, con mi precioso vestido nuevo.



Tal al darme cuenta de que si me gusta intentaba subconscientemente conquistarlo. La verdad es que no estaba muy deslumbrante a esas horas, ambos teníamos una cara de sueño impresionante, pero yo y estoy segura de que él sentía lo mismo, no tenía ganas de acostarme, bueno, de acostarme si, pero no de dormir.


 


Y allí estaba yo con el chico que me gustaba, en nuestra primera noche juntos y solos, y él no tenía ni idea de lo que yo sentía, y no estaba dispuesta a estropear esa gran amistad diciéndole la verdad, me habían gustado otros chicos y la experiencia me enseñó que si ya somos amigos no es buena idea probar nada, y sí, diecisiete años y sin ningún novio, nunca, ni si quiera un beso, nunca me habían besado de verdad. La verdad es que aunque tuviese asumido que en esos momentos no le interesaba a ningún chico, me molestaba, todas las chicas y chicos que conozco habían tenido algún tipo de historia romántica, ya era hora de que eso me pasara a mí. Pero con Edu era imposible, esta cañón, y nunca saldría con una chica como yo, aunque, de ilusiones también se vive.


 


Me rodeó con su sus brazos, y un escalofrío recorrió mi cuerpo en ese instante, él lo interpretó como que tenía frío y me abrazó mas fuerte, y eso me gustó, me gustó mucho. La verdad es que no estábamos hablando, solo hay, abrazados sobre mi cama. Hasta que decidí romper el silencio.


 


- ¿Es qué tienes sueño?



-  Es verdad, hemos venido aquí a hablar y vamos a hablar.



- Eso de hemos venido…- me sonrió- tú te has colado en mi habitación por la ventana.



- Llevas razón, bueno, que, ¿quieres saber algo?



- Si, ¿tienes algún hermano?



- Si, un hermano mayor, tiene veintidós años.



- Uh, veintidós, ¿está bueno?



- ¿Qué clase de pregunta es esa?



- ¿Qué pasa? ¿Te has picado? Lo decía porque viendo a su hermano, seguro que él es guapísimo.



- Pero que pontica que eres- dijo mientras me acariciaba la mejilla.



- Oye, lo digo en serio, ya te lo he dicho varias veces, estas muy bueno.



- ¿Por qué tu puedes decirme piropos y yo a ti no? No me parece justo.



- Esta bien, tienes mi permiso para decir lo que quieras de mi, te juro que no me quejaré y no diré nada, lo prometo.



- ¿en serio?- asentí- Vale, pues…no sé.



- Genial, ahora que te dejo no se te ocurre nada que decirme, que pasa, ¿no tengo virtudes?



- ¿Cómo puedes decirme eso? Eres lista, sensata y muy simpática.



- Lo sé- me reí a carcajadas.



- Dijiste te que no ibas a decir nada.



- Cierto, perdona.



- No te disculpes, no podría enfadarme contigo, eres mejor persona que conozco, y muy guapa- le hice una mueca- tu pelo rubio es precioso, sobre todo cuando se le ven los reflejos con la luz del sol, tienes unos ojazos azules que me encantan, me podría perder en tu mirada.


 


En ese instante se giró sobre mí dejándome entre las colchas y su pétreo cuerpo, me estaba ahogando, pero era más bien de los nervios que de otra cosa. Comenzó a mirarme directamente a los ojos, noté el fuego en lo profundo de sus ojos, en ese momento lo supe, yo también le gustaba.


 


- Tienes una suave piel blanca, tan bella como la nieve- dijo mientras acariciaba mi cuello con su nariz, notaba su calido aliento en mi garganta, en ese instante lo único que quería era besarle, pero no me atrevía a dar el primer paso, una de sus manos recorrió mi espalda dibujando corazones hasta llegar a mi cintura, y me aferró aun mas a su calido cuerpo, su otra mano se enlazó con mi pelo acariciándome así la nuca. Comenzó a besarme el cuello, lentamente, acercándose cada vez mas a mis labios, no se muy bien porqué pero yo me encontraba inmóvil, no se si era por miedo o por inseguridad, no  me atrevía a moverme.


 


De repente paró, y se separó de mi bruscamente, quedándose al otro lado de la cama, sin rozarme lo mas mínimo. Eso me desconcertó y me hizo sentir bastante mal.


 


- Lo siento Marina…



- ¿El qué? No lo comprendo.



- Es que no he podido evitarlo, no se, lo siento de veras, no quiero obligarte a nada.



- ¿Obligarme?- estaba perpleja ante esa reacción- No me has obligado a nada, en ningún momento me he sentido forzada a nada, pero ¿Por qué? Quiero decir, que estoy sorprendida, extrañada por lo que acaba de suceder.



- No sé muy bien como explicarlo, cuando te he abrazado, no he podido evitarlo, estas tan guapa- en ese momento volvió a abrazarme.



- Y ¿Qué tiene de malo? No has hecho nada de lo que debas arrepentirte, al menos por mi parte, no se si tu no…- me puso un dedo sobre mis labios para callar lo que iba a decir



- No, no pienses eso, no es que no te quiera.



- ¿Me quieres?



- Como ha mi propia vida.



- No me seas cursi por favor.



- Me estoy declarando y me sueltas eso.



- Perdona, es que estoy nerviosa, continua.



- Pues que lo siento, ¿podemos olvidar lo que ha pasado?



- No lo entiendo mucho, pero está bien- me pegué algo mas a él y él me respondió aferrándome a su cuerpo.



- ¿No te importa verdad? ¿Me perdonas?



- De verás que no, y si te soy sincera no tengo nada que perdonarte, he disfrutado bastante con esa, no se como llamarla, eh, esa escenita.



- ¿escenita? Así lo llamas- pareció molesto- es que haber…



- No te molestes, es que no sabía como llamarla, tranquilízate.



- Me resulta difícil tranquilizarme contigo al lado- dijo mientras su mano subía casi involuntariamente por mi muslo hasta subir ligeramente el vestido- no se como controlarme



- ¿Controlarte? ¿Quién dice que tengas que hacerlo?- agarró un puñado de tela de mi vestido y me besó detrás de la oreja.



- Lo siento- me susurró.



- Me tienes demasiado desconcertada esta noche, me ocultas algo, lo sé, hay algo que yo no sé, estoy segura, pero no sé por qué te rayas de esa manera, no tienes que demostrarme nada, no tienes que hacer nada que no quieras, yo tampoco quiero que te sientas presionado a hacer nada.



- ¿Es que tu quieres hacer algo?



- No se, ahora mismo estoy demasiado desconcertada, además, por qué seguimos hablando de esto, lo olvidamos y ya esta.



- Gracias… de veras.


 


 ¿Qué pasaba? ¿Qué había hecho mal? ¿A qué venía eso? ¿Le preguntaba o me callaba?, no sabía que hacer, me encontraba triste y desconcertada, no comprendía esa situación, podía entender que yo no le gustara, no me extrañaría si así fuera, pero entonces no tenía sentido lo que había hecho, por él contrario a lo mejor no quería hacerlo, puede que solo fuese, no se, algo involuntario, por eso cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo paró repentinamente, me moría por hablar con él, lo que pasa es que tenía una mirada de tristeza, de culpabilidad, lo que no vi en su mirada fue arrepentimiento, eso en el fondo me gustó y me hizo sentir bastante mejor. Me estaba abrazando, aunque con frialdad, no era como antes. Sabía que aunque él decía que lo iba  a olvidar, y que todo sería como antes, sabía que mentía nada sería como antes, nada, y creo que eso era malo, porque estábamos tan bien, hasta ese momento, tenía que contárselo a alguien, necesitaba desahogarme, pero ¿a quien?, además, creo que era mas inteligente callarme, porque remover lo sucedido esa noche solo empeoraría las cosas, o al menos eso pensaba en ese momento.


 


- ¿Quieres que me vaya? Solo tienes que decírmelo, no me enfadaré te lo juro.



- ¿Es que quieres irte tú?



- No…



- Yo preferiría que te quedaras, pero si quieres irte…



- No quiero que dejemos de ser amigos.



- Eso espero.



- ¿Esperas?- le sorprendió mi reacción, pero era lo que pensaba de verdad.



- No te engañes Edu, vamos a tardar en olvidarlo, y nos va a costar que todo vuelva a la normalidad.



- Nos va a costar, pero lo vamos a conseguir, ¿verdad?- bajé la mirada, él me levantó la cabeza intentando encontrarse con mi mirada, pero yo no se lo permití, no dejé de mirar hacia abajo en ningún momento- por favor, tenemos que volver a ser como antes.



- Lo intentaremos, pero me debes una explicación.



- Lo sé y te la daré, te lo prometo.



- En serio, me lo tienes que decir.



- Esta bien, lo haré, pero hoy no.



- No tengo prisa- dije mientras le besaba la mejilla.



- Te lo agradezco- me susurró al oído.


 


Poco después de esta conversación me dormí, creo que él también, aunque no estoy segura, era ya bastante tarde. Esa noche repetí constantemente en mis sueños lo sucedido esa noche, no podía sacármelo de la cabeza, no es que quisiera es que necesitaba entender lo sucedido, aunque no tenía mucha experiencia en cuestión de chicos sabía de sobra que eso no era normal.


 


Cuando me desperté, a eso de la diez, el seguía a mi lado, estaba durmiendo, no quería despertarle así que me deshice como pude de la atadura de sus brazos, me levanté y fui a asearme al cuarto de baño, que pelos llevaba, creo que él había estado acariciándome el pelo toda la noche, porque estaba revuelto, el vestido estaba totalmente arrugado, es lo que tiene dormir con un vestido nuevo, que desastre. Me peiné con una coleta alta, disimulando lo enredado de mis cabellos. Me cambié y me puse unos vaqueros, una blusa negra, y una chaqueta gris, típica ropa para limpiar la casa, no tenía hambre, por lo que me lavé los dientes sin desayunar, me quedé viendo la tele en el salón, la puse bajita para no molestar a Edu.


 


Tras todo eso me encontraba más despejada, lo vi todo mas claro, si él quería olvidar lo sucedido, a mí me perecía bien, preferiría que no fuese así, pero lo soportaría. Mejor intentar seguir siendo amigos, aunque nos costara bastante, que estar dándole vueltas a un momento de debilidad.  El problema era ese, el volver a ser amigos como antes, yo haría lo posible por seguir tratándole de la misma manera, pero yo no estaba tan segura de si él sería capaz de olvidarlo o al menos dejarlo correr de la misma manera que yo estaba dispuesta a hacerlo.


 


Escuche ruido en mi cuarto, supuse que se abría despertado, entré para ver si estaba despierto. Pasé sigilosamente, para no molestarlo por si seguía durmiendo. Pero, en efecto, estaba despierto haciendo la cama, que aunque habíamos dormido sobre las sábanas, aunque con tanto ajetreo se había desecho bastante, la verdad, me gustó verle haciendo la cama, como un hombre de su casa, vale suena estúpido, pero es raro un chico que se ocupe de las tareas del hogar voluntariamente.


 


- ¿Qué haces?- le dije.



- ¿No lo ves?- dijo mientras señalaba la cama- Hago la cama…



- Ya, pero no hace falta.



- Que mas te da, es solo una ayudita.



- Vale, gracias, ¿te apetece que haga el desayuno?



- Creo que debería irme a casa.



- Bueno, vale, la verdad es que llevas toda la noche y la mañana sin portar por tu casa, tus padres estarán preocupados.



- En realidad, podría quedarme, porque mis padres está mañana salían temprano para comprar unas cosillas, así que si sigue en pie lo del desayuno…



- Claro, ¿Qué te apetece?- le pregunté algo desconcertada, porque, se que suena extraño, era como si quisiese quedarse pero, a su entender, no debiera, aunque como yo quería que se quedase, no hice ningún comentario al respecto.



- No se ¿Qué tienes?



- Pollo y cerveza, no te jode, pues que va a haber, leche, zumo, tostadas, bollos, lo típico



- Tranquila, tranquila, a ver si me vas a pegar- hizo un gesto, poniéndose a la defensiva y riéndose.



- Ten cuidado conmigo nene- le di un puñetazo flojito en el hombro.



- Eres chunga nena.



- Vamos a dejar la tontería, ¿Qué quieres de desayuno?



- No sé, leche y tostadas- dijo mientras terminaba de hacer la cama.



- Vale, voy a hacerlo, ¿y tú?



- Yo ¿qué?



- ¿Qué piensas hacer mientras?



-Seguirte- dijo mientras ambos salíamos de la habitación y yo le dedicaba una picara sonrisa.


 


No podía evitarlo, no dejaba de mandarle sonrisitas y acariciarle en cuanto tenía la oportunidad. No se si él se daba cuenta, aunque si he de ser sincera prefería que no, porque lo hacía involuntariamente y me daba vergüenza cuando me daba cuenta de lo que yo misma intentaba lograr. Prepare un par de tostadas y dos vasos de leche, mientras yo lo preparaba él puso la mesa, he de reconocer que se le daban bien las tareas del hogar.


 


- Bueno que, ¿Piensas quedarte todo el fin de semana en mi casa?



- ¿Me estas echando?- dijo con tono suficiencia.



- No, en realidad prefiero que te quedes, total, mis padres no volverán hasta mañana por la noche, así que…- no me dejó terminar.



- Claro, y como yo no tengo padres, ni familia que se preocupe por donde paso el fin de semana, no hay problema.



- Vale, vale- dije callándole- no hace falta que reacciones de esa manera, era solo una sugerencia.



- No te enfades rubia, si sabes que lo dijo con cariño.



- Pues que forma más rara de demostrar tu cariño que tienes- dije riéndome.



- Que no puedo quedarme- me dí cuenta que quería cambiar de tema, lo noté incómodo, y creí saber por qué, le recordó a lo de la otra noche, así que entendiéndole cambié de tema.



- Está bien, te puedes que dar todo el tiempo que quieras.



- Lo sé, pero será mejor que me vaya ya, no vaya a ser que lleguen mis padres y no me vean.



- Si, y cámbiate de ropa, porque eso de que vayas igual que ayer es sospechoso…- nos reímos juntos.


 


Me ayudó a recoger la mesa y a fregar los platos, tras esto le acompañé a mi cuarto para ver ese impresionante salto a través del patio para llegar a su habitación. La verdad es que saltó de forma bastante grácil, tenía estilo.


 


- Ves- me dijo con cierto tonito de superioridad- salté de verdad



- Cierto, pero son cosas que si no las veo no las creo- me reí



- Tienes que tener un piquito más de fe en la gente



- Si aprendido algo en la vida es a no ilusionarte de tener fe en nadie que no sea yo misma



- Vale…- se fue y yo me alejé de la ventana, no me di cuenta de lo que él había interpretado en mis palabras, pero no era mi intención, no quería decir eso, bueno, no es que no lo pensara, que si, es solo que se me escapó.


 


Cuando me dí cuenta eran casi las dos de la tarde, pero no tenía ganar de comer ese día. Dí una vuelta por la casa, estaba todo limpio y ordenado, no tenía nada que estudiar, porque el lunes daban las notas, estaba cansada para salir con alguien y no quería ver la televisión, como no sabía que hacer, pensé en llamar a Nuria para hablar un rato con ella, pero en el momento en el que cogí el teléfono comenzó a sonar, Jose, ¿Qué querría? Lo cogí.


 


- ¿Marina?



- Si, ¿Qué quieres José?



- Si te molesto cuelgo- la verdad es que sin querer fui un poco seca en la respuesta



- Lo siento, es que, bueno, que perdona, ¿para que llamabas?- se notaba a la legua lo nerviosa que estaba, pero claramente no tenía nada que ver con él, a lo mejor él creyó que si, no sé, aunque la verdad es que no me importaba lo que Jose creyese en ese momento



- En realidad quería disculparme, creo que no me porte del todo bien contigo el día de tu cumple, y quiero disculparme



- Te lo agradezco de veras, estos detalles se valoran



- Si, bueno, la verdad es que no me porte nada bien, no debí discutir con Inma ayer



- Disculpas aceptadas, pero solo si me cuentas por qué discutíais…



- Muy interesada eres tú me parece- nos reímos debido a su tonito



- Si no me lo puedes contar lo entiendo, pero tengo curiosidad



- Si, si puedo, es que, va, si es lo de siempre…



- No podéis seguir así



- Lo sabemos, el caso, es que está empeñada en que me gusta otra



- Y ¿Puedo saber quién esa otra?



- No quieras saber más de la cuenta…



- Vale, pero solo quiero saber ¿te gusta esa?



-  No, solo me cae muy, muy bien y es guapa, pero…



- Como sigas hablando así de ella me lo voy a creer yo también



- Es que un chico no puede llevarse bien con una chica sin que le guste- reconocí mis palabras en esa frase, que arte tenía para darle la vuelta a la situación, la verdad es que tras la noche anterior empezaba a dudar de mis palabras



- ¿Eso va con segundas?



- Creo que ya conoces la respuesta- me dijo



- Si, bueno sigue explicando



- Es simple, él dijo ella dijo



- Se un poquito mas especifico, por favor



- Me dijo que si me gustaba ella, y yo le dije que yo la quería, le dije exactamente, Inma eres la persona a la que quiero



- Y ¿te creyó?



- No demasiado, por eso discutimos- bajo la voz al decir la palabra discutir



- ¿Debería hablar con ella, o prefieres que lo deje estar?



- ¡No!- se sobresaltó- No se lo digas, por favor, no debe enterarse de esta conversación



- Está bien, tranquilo, no le diré nada, lo juro



- Se que puedo confiar en ti- dijo con voz tenue



- Gracias…Tengo que colgar, pero gracias



- No hay porque darlas, adiós José- colgó y yo me puse a ver la tele


 


Ya estaba harta, creía que lo mejor era que José e Inma rompieran, es verdad que estarían un tiempo algo incómodos, sin hablar, pero un par de meses todo de habría olvidado, o al menos enterrado y se podría volver a la normalidad. De esta manera estamos todos en una situación incómoda cada mes, se que no lo pueden evitar, pero su relación, por extraño que suene nos concierne a todos, se que parece un poco ilógico, os lo explicaré. Pensad en una pareja de novios que sean amigos vuestros, ambos, me refiero a que tanto él como ella sean amigos, no conocidos amigos de verdad, y se pelean, ¿de qué lado estaríais? Podríais decir, fácil de ninguno, si, pero pensad esa situación, de que no podáis hablar mas con uno que con otro, porque alguno se enfade, que cuando quedéis toda la pandilla, haya que llamarlos a los dos para que no creas que estas del lado del contrario, y encima, si vienen, que lo normal es si él/ella vienen yo no voy, no se dirijan la palabra, esa tensión de alguien enfadado, sufriéndolo toda la pandilla, y no puedes dejarlos hasta que se le pasen porque entonces con quien se enfadan es contigo, por no apoyarle o no animarles en malos momentos. Suena duro verdad, pues imaginaros eso cíclicamente, prácticamente cada mes, o incluso dos veces en un mismo mes. Mejor una sola y última vez que tantas veces.


 


No me parecía justo intentar que rompieran por mi culpa, pero lo veía como la mejor salida ante esa situación. Yo no era la jefa de un teatro de marionetas, me refiero a que no debía manejar a la gente de esa manera, no era justo, para nadie, el problema es que la situación actual tampoco era justa para nadie. Estuve pensando un rato en que debía hacer, sabía que es ese momento la relación de Inma y Jose estaba en la palma de mi mano, me sorprendí de mis propios pensamientos, eran tan, no sé, perversos, lo de la incomoda situación era solo una excusa para no sentirme culpable por hacer que ellos rompieran, porque la única y verdadera razón para hacerlo era solo mi propio beneficio, solo quería que parara esa situación, pero porque yo estaba harta, no porque creyera que afectaba a nadie mas. Era bastante egoísta pensar así, pero que mas da, os daré una lección para esta vida, hay que ser egoísta de vez en cuando, no es algo malo, lo malo es que la gente se cuenta, se pueden hacer ciertas cosas mal por propio beneficio, pero que nadie se de cuenta, ese es el truco para triunfar en la vida. La pena es que yo aprendí esa lección a fuerza de golpes, algunos durillos, con el tiempo he aprendido a no confiar en nadie, si recordáis al principio del libro dije que tenía mis secretos, pues esta es la razón. Una persona es esclava de lo que dice y dueña de lo que calla. El problema era que aunque de verdad que yo pensaba todo eso, lo creía y lo creo en la actualidad, me resultaba difícil ponerlo en practica, era duro ir en contra de la naturaleza de una misma, pero de vez en cuando, solo de vez en cuando, lo ponía en practica.


 


Dejando a un lado las lecciones filosóficas, tenía que pensar bien como jugar mis cartas si no quería terminar peleada con media pandilla. A las cuatro más o menos, yo todavía sin comer, llamó mi madre para ver que tal estaba.


 


- ¿Qué tal estas?- dijo mi madre



- Bien, aquí, descansando



- ¿Has comido?



- Si- era mas fácil que contarle la verdad, y mas rápido- la pizza



- Y ¿Cómo te lo estas pasando?



- Bien, se esta a gustito un tiempecillo sola



- Vale- se rió



- Y vosotros ¿Qué tal?



- Bien, mañana volvemos, llegaremos allí sobre las 8 o las 9, así que estate preparada, no hagas nada malo sobre esa hora- se rió



- ¿Está papa por ahí?



-  Ahora no puede ponerse, pero, ¿es que no te apetece hablar conmigo?- creo que le ofendió mi comentario



- Si, si claro, bueno, cuéntame algo



- Ya te lo contaremos todo, pero quiero saber cómo estás pasando el fin de semana sola- por si no se nota era la primera vez que me quedaba sola mas de una noche es casa



- Creo saber por donde vas, ¿es que no confías en mí?



- Sabes que si- gruñí, estaba claro que no del todo- es solo que…



- Es solo que no te fías, pero me parece normal, chica sola con 17 años en casa, padres fuera el fin de semana, Woo, ¿Qué hará sola?



- Está bien, no te enfades Marina



- Bueno, mamá, estoy cansada, te importa que colguemos



- No tranquila luego llamaré- colgamos el teléfono


 


No es que estuviera enfadada, pero no tenía ganas de seguir hablando, estaba agotada. Me pasé la tarde sin hacer nada especial, pero a eso de las ocho o las nueve tocaron a la puerta, Edu, ¿Qué querría?


 


- ¿Molesto?- me dijo



- Tú nunca molestas, ¿querías algo?



- Hablar un rato contigo, aunque si tienes algo que hacer…



- No, en serio, pasa, pasa- nos dirigimos al salón y nos sentamos, yo en el sofá y él en un sillón, creo que no se atrevía a acercarse a mi, pero bueno, ya me esperaba que costara volver a la normalidad.


 

Admin · 92 vistas · Escribir un comentario

Avr222009

RECONCILIACIÓN


Nuestro plan era simple, hablamos con Alex para que le volviese a cambiar el sitio a Edu y aunque seguíamos yendo juntos al instituto, no entrábamos juntos, aunque todas las noches hablábamos un buen rato antes de acostarnos. Cada día me llevaba mejor con él, aunque nadie se enteraba, era un secreto, lo hacía mas interesante. Como dije antes era posible pasar de una ventana a otra, pero, aunque seguro que él hubiera podido, era peligroso, lo que sí hacíamos era pasarnos cosas a través del patio, me refiero a los deberes, chocolatinas, o simplemente un bolígrafo.


 


Cuando salía con mis amigos no invitaba a Edu, él lo entendía, pero de vez en cuando él y yo íbamos con algunos amigos suyos, simpáticos, me caían bien, los conocía porque estuvo en una liguilla de fútbol ese verano en Almería y habían continuado la amistad. Un día, mientras estábamos en el cine nos encontramos a Inma y a José.


 


- Oh no- dije en cuanto los vi aparecer- bueno se iban a entera.



- Pero mira- dijo Edu- no nos han visto han entrado sin decirnos nada.



- Pero me ha mirado, seguro que se ha dado cuenta, tengo que hablar con él.


 


Intenté hablar más con José en clase y cuando salíamos los viernes, uno de los viernes quedamos en la puerta del instituto, y llegamos antes que los demás así que nos pusimos a hablar:


 


- Buenas, ¿que tal moreno?- le dije.



- No tienes que seguir con esto, déjalo ya, vale.



- ¿De qué me hablas?- sabía perfectamente que se refería al plan de Edu y mío, pero bueno.



- Sabes a lo que me refiero, reconozco que me he portado mal, te he puesto en una encrucijada, dándote a elegir entre Edu o yo, pero es que, no se, puede que mi odio hacia el fuese infundado- le hice una mueca- vale, era totalmente infundado, pero ya he recapacitado, ¿me perdonarás?



- Claro que si tonto- le dije mientras le daba un abrazo, me alegraba mucho volver a tener a José conmigo, pero cuando nos estábamos abrazando, llego su novia, noté la rabia en su tono.



- Hola- dijo queriéndonos  interrumpir, José se apartó rápidamente, como si le hubiesen pillado haciendo algo malo, eso me molesto mucho, que pasa no puedo abrazar a un amigo- ¿no han llegado los demás?- dijo Inma mientras le daba un beso a José, era mas bien para marcar el territorio que para ser cariñosa, pero en fin, no iba a molestarme mas, que pensara lo que quiera- ¿lleváis mucho aquí?



- No, hemos llegado hace poco- dijo José, como justificándose, me daba la sensación de que había algo que yo no sabía.



- Mira ya llegan los demás- en cuanto vi a Alex fui directa para hablar con él.


 


- Vale, Alex, ¿hay algo que yo no sepa?- dije mientras señalaba a Inma y a José.



- Como si no lo supieras- parecía resentido.



- ¿qué?



- Bueno, es que el único que conocía tu plan era yo, al parecer Inma cree que intentas algo con José, porque él le habla mucho de ti, de cómo le has apoyado en todo, lo buena que eres…



- ¿debo hablar con ella?- asintió con la cabeza- vale, y que le digo, mira que no me quiero ligar a tu novio…



- Marina, creo que eres más sensata que todo eso.



- Ya…pero como se lo explico, porque seguro que no me cree.



- No se solo prueba.


 


Me acerqué a Inma y se lo expliqué, le dije que solo quería que dejase de estar enfadado conmigo, asintió, pero creo que no se lo creyó del todo. De paso, me puso al día, al parecer se había arreglado con José hacía unos días, me habían hecho caso y lo habían hablado, me alegró bastante, estaba harta de su situación. Esa noche al volver a casa me moría de ganas por poner al día a Edu, la verdad, últimamente nos lo contábamos casi todo, al llegar me asomé a la ventana para ver si estaba, y sí.


 


- Buenas, tengo un algo que contarte, si tienes tiempo.



-Claro que sí, pero haber si adivino, te has arreglado con José, ¿a que si?



- Si-dije con sorpresa- pero hay algo más.



- Inma y él están bien.



- ¿Vale, me estas leyendo la mente?- se rió.



- Puede, ¿tú que crees?



- Pues no me sorprendería- dije mientras me reía.



- Es que si vienes tan contenta tras estar con José, pues es obvio.



- Lo que yo dijo, me lees la mente.



- Bueno, que me voy vale- asentí.


 


Algo mas tarde, escuché ruido en su cuarto, supuse que había vuelto así que me asomé para saludar, pero no esperaba lo que me encontré, volvía de la ducha, no penséis mal, estaba vestido, bueno, casi, llevaba una toalla azul que le recorría la cintura, aunque reitero que él no me gustaba, me parecía muy atractivo, y no podía resistirme, tenía la piel morena, brillante debido al agua que le recorría el torso, y se le marcaban ligeramente los abdominales, me aparté rápidamente, porque sabía que si miraba un segundo mas no iba a poder apartar la mirada, escuché como se reía.


 


- ¿tan pronto te cansas de mirarme?- me dijo asomándose ligeramente por su ventana.



- Es que, bueno, yo no quería, solo iba- se rió- ha sido sin querer, y me he apartado, vale, ¿no te enfades?



- No me he enfado- me avergoncé, menos mal que él no podría verme- Se que ha sido un accidente, podría haberme pasado a mí.



- No- dije con rudeza- yo tengo más cuidado, y cierro la ventana, ¿vale?



- Vale, vale, no te enfades tu jolín.



- No me he enfadado, es que, no sé, no estoy enfadada.



- Ya puedes asomarte, que ya llevo el pijama- nos reímos a la par.



- Que pena, tenía la esperanza de observar algo más.



- Ya tendrás otra oportunidad, o lo mejor la tengo yo, ¿quién sabe?



- Oye, como ya lo he arreglado todo con José, podrías volverte a poner conmigo- dije para cambiar de tema.



- Claro que sí, si a Alex no le importa.



- No creo, me da la sensación de que esta deseando volverse a poner con Lola- se rió ligeramente.



- Creo que deberíamos acostarnos.



- Sí, ya tengo sueño.



- No me refería a dormir- me reí y cerré la ventana.


 


Cada vez quedaba menos para mi cumpleaños y yo me moría de ganas por ver que me regalaban mis amigos, la pena es que pillaba justo al terminar los exámenes, y claro, no iban a tener tiempo de prepararme nada chulo, pero eso no me importaba, solo quería pasar la tarde con mis amigos, con eso tenía suficiente. Bueno el caso es que todos empezamos a quedar menos, porque había que estudiar y claro no teníamos tiempo. 


 


He de reconocer que la vida me sonreía y, aunque Edu y José no quedaban y casi no se dirigían la palabra al menos no había tensión entre ellos, se podía hablar estando ambos presentes. Llevaba mis exámenes bastante bien, los profesores eran muy buenos, todo me iba genial, y estuvo así bastante tiempo, así que no podía  quejarme.


 


Estuve hablando con Alex un jueves al terminar un examen de Biología, la conversación empezó muy inocente, pero pronto se torció.


 


- ¿Qué tal el examen? Yo lo he hecho medio bien, bueno, la cinco era imposible- asentí- pero tú seguro que sacas buena nota como siempre.



- No sé, la verdad es que me ha salido bien, pero bueno, habrá que esperar- en ese momento pasó Edu por mi lado y a la vez que pasaba me rodeó con su brazo la cintura, sus brazos eran fuertes, tengo que admitir que me encantaba que me tocara.



- ¿Por qué me miras así?- le pregunté a Alex.



- No sé ¿me podrías explicar tú a que ha venido eso?- dijo mientras señalaba a Edu que se alejaba por el pasillo.



- No voy a tener esa conversación contigo otra vez, no me gusta Edu, yo no le gusto a él, somos muy buenos amigos, que pasa, ¿Qué no voy a poder hablar con un tío sin que me guste?- hizo una mueca- Lola y tú esperaba una respuesta negativa.



- Pues si te digo la verdad…



- Oh, en serio, Lola, ¿te gusta?, ¿por qué no me lo has dicho antes?, que bien, y que ¿tenemos parejita?



- Por ahora no parece que le importe mucho, bueno si, somos buenos amigos, pero nada mas, espero que la cosa llegue a mayores- se le puso una media sonrisa muy picara en la cara.



-Corre, que llegamos tarde a Ingles, y ya sabes como es la profesora, como volvamos a llegar tarde nos pone un parte- corrimos por el pasillo hasta llegar a la clase, la profesora estaba entrando, así que no nos regaño, que suerte.


 


Me pase la clase mirando a Alex y a Lola, me moría de curiosidad por ver que opinaba Lola de Alex, así que en cuanto terminó la clase cogí a Lola comencé el interrogatorio:


 


- Lola, esto, ¿no estas muy unida a Alex últimamente?



- Si, bueno es un chico muy majo- se ruborizo, parecía avergonzada por sus propias palabras.



- ¿te gusta? ¿Saldrías con él?



- ¿Por qué, te ha dicho algo?



- Contesta, sabes que yo no le diré nada a nadie.



- Vale, si un poco, tal vez saldría con él.



- De tal vez nada, vais a salir.



- Ya lo has decidido- nos reímos juntas y yo asentí- esta bien si, si quiero salir con él.



- Hablaré con él- asintió.


 


No iba a hablar con él ese día, esperaría al lunes, para dejar los ánimos enfriar. Me pasé el fin de semana estudiando para los tres últimos exámenes de la semana, ese viernes era mi cumple, estaba deseando que llegara ese día, la pena es que mi padre y mi madre no estarían ese fin de semana, porque se iban a Granada, para una cena de antiguos alumnos de la universidad, así que me iba a pasar el fin de semana sola, la verdad es que me hacía ilusión, seguramente quedaríamos mucho y yo podría volver a la hora que quisiera, además invitaría a mis amigos, solía contárselo casi todo a mis padres, pero, va, que mas da, ellos ya se imaginarían que haría algo irregular.


 


El lunes en cuanto vi a Alex lo cogí para hablar con él.


 


- Tengo que hablar contigo.



- No hace falta, el sábado comencé a salir con Lola.



-¡Qué! Y ahora me lo dices, pero, ¿Cómo ha sido? Cuenta, cuenta.



- Pues, no sé me la encontré el sábado en la biblioteca.



- ¿le pediste salir en la biblioteca? Un poco cutre…- dije riéndose.



- No, espera que te lo cuente.



- Vale, vale, habla.



- Pues estuvimos estudiando juntos, y al salir de la biblioteca la acompañé a su casa, y….- hizo una pausa.



- No vayas a callarte la mejor parte, cuéntamelo ya.



- Espera, si es que no me dejas hablar- me reí, vale no le dejaba, estaba nerviosa- Pues era ya de noche, la acompañé y en la puerta de su casa me pregunto si habías hablado conmigo, y ya supuse por donde iba, así que le besé.



- Le bese, le bese, se un poquito mas concreto por favor.



- No se, le besé, ella sonrió y le pedí salir, luego me fui a mi casa.



- Creo que si quiero detalles tendré que hablar con Lola, ay, hombres- se rió y entro en clase.


 


El examen de Francés fui muy difícil pero gracias a Edu me salió muy bien, creo que él también hizo bien el de matemáticas, hacíamos un buen equipo de estudios, bueno no estudiábamos junto porque me distraía, no podía dejar de mirarle, creo que él de daba cuenta, lo cual me daba algo de vergüenza, pero bueno. Solo me quedaba un día de estudio, y fin, el examen de Física, que ganas de acabar, después mi cumpleaños, navidad, los reyes…mi época favorita del año, y luego vuelta a empezar, otro trimestre. La verdad es que no se me hacía pesado ir al instituto, ni estudiar, me lo pasaba bien, bueno estudiar no me resultaba divertido, pero tampoco era un coñazo.


  


MI CUMPLEAÑOS


  


Dieciséis de diciembre, mi cumpleaños, por fin, estaba nerviosa, me moría de ganas por saber que me habrían comprado mis amigos, mis padres, que miembros de mi familia me llamarían…


 


Solía madrugar, no me resultaba molesto levantarme temprano, pero en mi cumpleaños me desperté a las seis y media, estuve dando vueltas en la cama hasta las siete y media que sonó el despertador, era día de clase a pesar de todo. Me levanté y mis padres habían decorado toda la casa, estaba llena de chuches, y un cordel de regaliz me guiaba hasta la entrada donde estaba mi regalo, lo prepararon todo así porque cuando yo volviera del instituto ellos ya se habrían ido a Granada, estaba nerviosa, no sabía si podía abrir el regalo, llamé a mis padres corriendo, cuando llegaron de la cocina me dijeron que abriera el regalo, que nervios, lo abrí y había otra caja envuelta dentro, miré a mi padre y él me devolvió la mirada con una media sonrisa, no era la primera vez que envolvía un regalo en una caja, esa en otra y otra….como una especie de muñecas rusas. Empecé a abrir cajas una tras otra, hasta que por fin llegué a un bonito bolso negro, grande y con un dibujo de una flor en brillantes, era muy chulo, pero cuando lo cogí pesaba mucho, me reí, lo primero que pensé es que mis padres habían metido piedras o algo, pero decidí picar, a lo mejor si había mas regalos dentro. Había piedras, acerté, bueno no del todo, en uno de los bolsillos del bolso había un móvil nuevo, el viejo fallaba bastante desde que a mi madre se le calló de las manos mientras fregaba los platos, el nuevo era chulísimo, plateado, me encantaba.


 


Mi madre preparó un desayuno especial, pero no entraré en detalles, el caso es que tenía que darme prisa si quería llegar al instituto, porque me había entretenido mucho con los regalos, metí algunas de las chuches en la mochila para compartirlas con mis amigos, al salir de mi casa, como siempre, Edu estaba allí esperándome, nos subimos en el ascensor.


 


- ¡Felicidades guapa! Hoy te has puesto muy guapa- dijo mientras jugueteaba con un mechón de mi pelo.



- Gracias, guapo- dije con una mirada picara- ya sabes que no me gusta que me digan piropos, que me da vergüenza- era cierto, tal vez por la falta de costumbre.



- Vale, rubia, oye no voy a poder pasar la tarde contigo- bajo la cabeza.



- No te preocupes, pero ¿por qué? ¿Qué vas a hacer esta tarde?



- Es que me voy a mi pueblo, lo siento.



- Que pena, pues entonces me voy a pasar un fin de semana muy solita, porque mis padres se van a Granada, pero bueno, llamaré a algún amigo.



- ¿Amigo?



- Uh, te pones celosillo- nos reímos- tranquilo, amigo o amiga.



- No estoy celoso, de verdad.



- Ya lo se, a ver si te vas a enfadar, que estoy de coña.



- Nunca podría enfadarme contigo- me cogió la barbilla levantando mi cabeza, me ruboricé cunado nuestras miradas se encontraron, estaba empezando a plantearme si me gustaba o no, a lo mejor sí, y solo me negaba por no darle la razón a mis amigos, no sé, debía pensarlo, pero en mi cumpleaños no, tenía otras cosas en las que pensar.



- No te enfadas conmigo porque a aun no te he dado motivos.



- ¿aun?  ¿Es una amenaza?



- Puede- me reí- ándate con ojo- le dije con un intento de mirada perversa.



- Hasta cuando intentas ser mala eres adorable.



-¿adorable? ¿Qué soy? ¿Un peluche?



- Si, eres mi rubita- le puse una mueca y le di un pequeño codazo en la barriga- vale, vale, dejémoslo en rubia, antes de que me mates.



- Ves, puedo ser peligrosa…



- Tendré cuidado la próxima vez.



- No vuelvas a tratarme como un peluche o será la última vez.



- Si señora- dijo mientras me hacía el saludo militar.



- Así me gusta, veo que aprendes rápido.


 


Llegamos a clase y mientras subía las escaleras todos estaban es la punta arriba aplaudiendo, no pude evitar reírme, pero era mas de vergüenza que de otra cosa. Edu se estaba partiendo de risa a mi costa, lo cual me hacía sentir mas vergüenza, pero ya sabía a que me enfrentaba, el año anterior me gritaron, y digo gritaron porque eso no era cantar, el cumpleaños feliz delante del profesor de matemáticas justo al terminar la clase y lo tuvo que oír toda la planta, pero este año, se estaba dando cuenta todo el instituto, menos mal que era primera hora y no estaba todo el mundo en el instituto, pero si estaban todos mis amigos, bueno todos los que eran del instituto. Nada mas llegar al piso de mi aula entre Alex y Lola me quitaron la mochila y el abrigo, me condujeron hasta la clase con un sequito de amigos cantándome el cumpleaños feliz, tengo que recocer que a pesar de la vergüenza me gustaba que tuvieran esos detalles conmigo.


 


No se como describir lo que habían preparado en la clase, la pizarra estaba llena de felicitaciones y dibujos con la firma de un montón de gente, encima del borrador había una tarjeta con las mismas firmas y detalles, una especie de reproducción a pequeña escala, habían firmada hasta mis amigos de otros institutos, disculpándose por no poder estar allí. Sobre la mesa del profesor un regalo firmado por esos que no podían venir. El papel de envolver eran periódicos pintados, bueno mas bien grafiteados, seguro que habían sido Oscar y Teresa, unos artistas, la verdad es que estaba mucho mas currado que cualquier papel que hubieran podido comprar. Lo abrí, era un vestido precioso, por medio muslo, no era nada ceñido, más bien suelto, cortado por la cintura, negro con detalles en fucsia y plateado. Me extrañaba ese regalo ya que la mayoría de los autores de ese regalo eran chicos, y no me los imaginaba en una tienda de chichas, y menos que supieran mi talla para elegir un vestido.


 


Tras abrir ese regalo me acerqué a mi mesa, había muchos regalitos pequeños: unos pendientes, un collar con mi nombre, una pulsera, un reloj y una diadema, vamos, el conjunto completo para salir de fiesta una noche, lastima que yo no saliera mucho por las noches. Según abría los regalos iba apareciendo encima de la mesa un papel de A3 que ponía “FELICIDADES GUAPA, TE QUEREMOS”  En ese momento entró la profesora, y todos nos sentamos rápidamente recogiendo a nuestro paso, la profesora se rió al leer lo puesto en la pizarra, me avergoncé un poco, pero ella me felicitó y luego se disculpo por tener que borrar la pizarra.


 


- Siento no haber participado en tu regalo. Me dijo Edu, casi ruborizado.



- No importa, de verdad que no- tengo que reconocer que me molestó, pero lo comprendía.



- No mientas, se que te molesta, pero es que…



- No te disculpes mas, ellos son amigos míos desde hace mucho mas tiempo que tú.



- ¿Insinúas que no somos buenos amigos?



- Yo no he dicho eso, si somos buenos amigos.



- Eres mi mejor amiga Marina, te aprecio mucho.



- Tú también eres de mis mejores amigos.



- Pero no el mejor…



- Me conoces, sabes que no soy de esas de un súper amigo, pero lo que si te podría llamar en mi confidente, el mejor.



- Me conformaré- dijo bromeando.



- Chicos callaos ya…- dijo la profesora, lo cual puso fin a nuestra conversación.


 


Me quedé mirando a Alex y a Lola, no paraban de hacer manitas debajo de la mesa, las parejas al principio son monísimas, los problemas vienes con el tiempo, como pasaba con José e Inma, aunque se habían arreglado ya no era lo mismo, estaban juntos porque si, sin razón, se habían acostumbrado el uno al otro, y ya no recordaban como era estar sin el otro.


 


Seguía mirando a Alex y a Lola y pensando en José e Inma, cuando Edu me desvió de mis pensamientos.


 


- ¿Te dan envidia?- sonrió- Me refiero a Alex y a Lola.



-  No, estaba pensando…- antes de que terminara de hablar me rozó el muslo con la mano, me estremecí, a pesar de la confianza aun era algo reacia al contacto con él, no en el mas sentido de la palabra, solo me resultaba sorprendente.



- Es que pensé que te daban envidian- se rió casi a carcajadas y la profesora se nos quedo mirando. En ese instante nos pusimos serios para atender, o al menos parecer que atendíamos.


 


El recreo fue de los más divertidos que recuerdo, me senté en un banco y todos a mí alrededor como si fueran mis esclavos, no podía parar de reírme. Les pedía estupideces como acércate a ese hombre y báilale la macarena o ladra como un perro, nos reímos un montón, y todos me amenazaron con que el día de su cumple se vengarían, pero yo ya les había hecho favores el día de su cumpleaños, en el de Lola, que fue este verano tuve que cantar el asereje a voz en grito en la playa, pero como se me unieron todos mis amigos no me dio vergüenza, bueno, no demasiada. Tuve que soportar las típicas bromas de pídele a Edu que te de un beso, venga si estas deseando… Él se lo tomaba a broma y decía que él encantado, la mayoría de mis amigos estaban convencidos de que Edu y yo estábamos saliendo en secreto, pero nos daba vergüenza admitidlo, y mira que lo negábamos veces. Me alegraba ver como Edu y mis amigos se llevaban bien, se hacían amigos, eso me alegraba. Bueno, se llevaba bien con todos menos con uno, José, es mas, notaba la rabia que le entraba a José cuando veía hablando a Edu con su novia o conmigo, lo de la novia lo entendía, Edu estaba bueno y claro, los celos son irracionales, pero, yo, que mas le daba. Quería preguntárselo, pero sabía que si hablábamos de ello acabaríamos enfadados, y era lo último que quería, y menos el día de mi cumple, esta claro que iba a hablar con él, pero no podía estar Edu delante, y necesitaría tiempo para tratar el tema sin follones.


 


Cuando salimos de clase me acompañaron todos a mi casa y me dieron media hora para ponerme todo lo que me habían regalado, Edu subió a su casa y se despidió diciendo que se iba a su pueblo. Subí a mi casa y me puse el vestido y todos los complementos, también me puse el bolso de mis padres, me dijeron arréglate mucho, a saber lo que me tendrían preparado. Le dije que si querían dejar las mochilas en mi casa y me dijeron que no, me sorprendió, siempre que salíamos tras el instituto, dejábamos las mochilas en cualquier casa, pero bueno.


 


Al bajar vi sus perversas miradas a través del cristal de la puerta, me miraban como si me fueran a hacer algo malo, lo cual me hizo mucha gracia, la verdad es que me puse un poco nerviosa, casi me daba miedo, casi.


 


Me llevaron a casa de Alex, el vivía en una comunidad con jardines y una piscina comunitaria. Me vendaron los ojos, nada mas entrar en su casa, me llevaban de la mano para no tropezarme, llegamos a la terraza y al pasar al jardín me quitaron la venda, que precioso, todo iluminado, bebida, comida y música, que bien me lo estaba pasando genial, cuando de repente vi como discutían José e Inma, aunque suene cruel lo primero que pensé fue otra vez no…y menos en mi cumpleaños… vale, egoísta, lo se, lo siento, pero es lo primero que pensé, me traicionó el subconsciente. No sabía muy bien que hacer, podía decirles algo, podía dejarlo pasar, no se, decidí hablar con Inma.


 


- ¿Qué pasa?



- ¿A qué te refieres?- sabía perfectamente de que hablaba, pero a lo mejor prefirió evitar el tema.



- Si no quieres no hablamos del tema, pero no me hagas creer que no ha pasado nada.



- Vale, si, hemos discutido, eso es lo que querías saber ¿no?



- No, quiero saber como estas tú.



- Yo estoy bien, solo decepcionada.



- Pero ¿algo grave? ¿Por qué? ¿Te ha hecho algo?



- No, solo es una pelea, no te preocupes, es que creo que ya no me quiere.



- ¿Qué te hace pensar eso?



- No se, ya no es como antes, ahora que he visto a Lola con Alex me doy cuenta de que no nos queremos tanto como al principio.



- Eso no es verdad, es que no es lo mismo, no se, al principio todo es nuevo, ahora tenéis que sentar la cabeza- me hizo una mueca- no me refiero a eso, si no que ya habéis superado esa fase.



- Puede, pero puede que ya no me guste esta fase.



- ¿Habéis roto?



- No exactamente.



- ¿Cómo? ¿O si o no?



- No, no hemos roto, pero puede que en un futuro…



- Vale, pero pensarlo muy bien.



- Lo haré, te lo juro.



- ¿debo hablar con él?



- No se, si a ver que te dice.



- OK.


 


Quería hablar con José, pero no lo encontré, creo que se había ido, así que decidí disfrutar de la fiesta, me puse a repartir las chuches que llevaba en el bolso, porque con los nervios se me había olvidado repartirlo esa mañana, bueno, repartir es mucho decir, prácticamente me saquearon en cuanto comenté que llevaba dulces en el bolso, si no llego a decirles que el bolso es nuevo creo que se lo hubieran cargado. Nos echamos muchas fotos, y durante la tarde me fueron llamando los miembros de mi familia, les conté todo lo que me habían preparado mis amigos, que por cierto era mucho. Tuve que bailar con todos, acabé hecha polvo, pero me lo pasé genial.


 


A llegar a casa pasé a mi cuarto y vi a Edu a través de la ventana, me molesto mucho, a lo menor ya no quería juntarse conmigo, si no habría venido con nosotros a celebrar mi cumpleaños. Comencé a  rayarme un montón, pero esa misma mañana, parecía tan simpático, no se, que pasa, a lo mejor se habría peleado con José, y por eso no habría querido venir, para no amargarme la fiesta, no se, tal vez simplemente sus padres habían suspendido el plan de irse al pueblo y no le había dado tiempo a llamar para saber donde estábamos, no iba a desconfiar de él después de estos fantásticos meses que habíamos pasado, no había hecho nada para que yo desconfiara de él.


 


No debía de pensar en eso ahora, debía recordar lo bien que se habían portado mis amigos, se habían esforzado tanto por hacerme disfrutar el día de mi cumple, incluso con lo liados que habíamos estado esos días con los exámenes, tuvo que ser difícil organizarlo todo, no se de donde habrían sacado el tiempo.


 


Mis padres me llamaron, eran las doce, me extraño la hora de la llamada, seguramente querían comprobar si estaba en casa o no.


 


- Buenas, ¿cómo has pasado el día?



- Muy bien, no te imaginas todo lo que me han preparado mis amigos.



- Cuéntamelo- dijo mi madre.



- Es que es tarde, tengo sueño.



- Ya, seguro, es que aun están tus amigos contigo verdad.



- No, te lo juro, es que ha sido un día muy largo.



- Marina, no me engañes- se puso sería.



- Te lo juro, es que tengo sueño de verdad, es tarde, ¿no lo has notado? Son las 12 y pico.



- Es verdad, perdona, dejaré que te acuestes y mañana hablamos- colgué el teléfono.


 


Fui a la cocina para beber agua y tiré las medias que llevaba a la basura, no entraré un detalles, pero digamos que se puede hacer un carrera en las medias con un cuchillo de plástico. Al entrar en mi cuarto pegue un grito, Edu estaba allí sentado a los pies de mi cama.


 


- ¿Cómo has entrado?- le dije.



- Por la ventana…



- ¿Me lo dices en serio?



- Si, estaba abierta y bueno… ¿te molesta?



- No, es solo que me he asustado, ¿de verdad has llegado por la ventana?- dije con incredulidad.



- Que sí, si tengo que dar otro salto te lo demuestro- se puso preparado para repetir el supuesto salto que dice que dio.



- No, déjalo, te creo, pero ¿Qué haces aquí?



- Bueno, pensé que no era justo dejarte sin regalo de cumpleaños.



- Te he dicho que no hacía falta.


  

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Avr212009

EL COMIENZO


El verano llegaba a su fin, pronto empezaría en instituto, iba a comenzar 2º de bachillerato. Algunos amigos y yo habíamos quedado para ir a la playa, aprovechando los últimos días de vacaciones que nos quedaban. Si nos os importa os haré un breve resumen de mis amigos de la adolescencia, bueno de todos no, porque sería excesivo, pero si aquellos a los que mas valoraba, y con los que mejor me llevaba, empezaré hablando Nuria, de las mejores, nos lo contábamos casi todo, aunque ella no lo sabía tenía secretos que prefería guardarme para mi misma, era muy lista, y aunque era muy madura, a veces actuaba de forma un poco infantil, otras de mis mejores amigas Lucia y María, dos hermanas, aunque eran mellizas se parecían mucho, a quien no las conocía les costaba diferenciarlas. También me llevaba bien con ellas, aunque no era lo mismo que con Nuria. Inma, era otra de las importantes. En cuanto a chicos, también tenía muchos amigos, pero ninguno era mi novio, y no tenía previsto que eso pasase. Nombraré unos pocos, esta José, el novio de Inma, Alex, aunque era de los mas recientes, era con el que mejor me llevaba. Hay mas, pero ya los conoceréis forme avancéis por mi historia.

 

Volviendo a la playa, habíamos quedado todos los que ya he nombrado, planeamos un día de playa, y luego antes de ir a comer nos pasaríamos por el instituto para ver en que clase nos había tocado, y con quien. La mañana trascurrió sin nada interesante, las típicas ahogadillas, alguno que se quemó, nada mas.

 

Cuando nos pasamos por el instituto nos encontramos a muchos amigos, todos estaban allí por la misma razón que a nosotros. Miré en las listas, a mí me había tocado en la clase con José, Alex, y algunos de mis amigos mas preciados, pero a esos ya los iréis conociendo.

 

Hagamos un pequeño salto en el tiempo, era el primer día de clase, ya sabéis, no se hace nada, solo te dan el horario, conoces a los profesores, nada especial. La gente iba entrando en el aula, yo me puse al lado de Alex, a mi otro lado se sentó Conchi,  me llevaba genial con esa niña, y la mayoría de chicos iban tras ella, es muy guapa,  era un poco bajita, pero muy mona. José se sentó detrás de mi, a lado de uno se sus mejores amigos, Víctor, me caía bien pero no teníamos mucha relación. Cuando casi todo el mundo ya había entrado llegó un chico nuevo, no lo conocía nadie,  era guapísimo. Pero no me interesaba en ese sentido, bueno sí, pero hacía tiempo que había asumido que yo no le interesaba mucho a los chicos, y menos a uno como esos, además, parecía el típico creidito de guapo, lo cual no atraía para nada. Se sentó delante de mí, el tutor comenzó a hablar pero yo estaba absorta, estaba perdida la melena negra del chico que estaba enfrente, era como el carbón, con ciertos reflejos que recordaban a lo azul del cielo, tenía una espalda grande, parecía dura como el mármol…vale se que he dicho que no me atraía, pero estaba buenísimo, se puede mirar el escaparate aunque no te interese comprar nada.

 

De repente mientras seguía perdida en la espalda de ese chico, Alex, que debió darse cuenta me dijo:

 

-Te traigo una servilleta.

- ¿Qué?- pregunté como si me hubiera pillado cometiendo un crimen.

- Lo digo por la baba, jeje, creo que te gusta el chico nuevo- dijo con voz picara.

- Reconozco que está bueno, pero no me gusta, demasiado chulito para mi gusto- sonrió para darme la razón.

 

Cuando el profesor terminó salimos poco a poco y nos fuimos cada a uno a nuestra casa. Me fijé que el chico nuevo iba en mi misma dirección solo que por la otra acera, pero mi sorpresa fue cuento llegamos a la puerta de mi edificio, bueno, mejor dicho, nuestro edificio, era vecino mío, la verdad es que no lo conocía, su familia debió de haber comprado el piso de enfrente que estaba en venta, debería de haberme percatado de la mudanza, pero ese verano salí mucho ese verano, y no estaba mucho tiempo casa,  prácticamente volvía a mi casa para dormir. Volvía temprano, no solía ser de esas de las que salen mucho por la noche. Bueno el caso es que me encontré cara a cara con ese niño en el ascensor. Se me quedó mirando y me dijo:

 

- Estamos en clase juntos ¿no?- era obvio que solo intentaba romper el incomodo silencio.

- Si, te sientas delante de mí, y al  parecer también somos vecinos- sonrió levente.

- Nos mudamos aquí este verano desde Málaga, te he visto alguna vez por el edificio, pero parece que tú no te has dado cuenta.

- Supongo que vives en el piso de enfrente- asintió mientras la puerta del ascensor se abría- Nos veremos mañana en clase- dije mientras el se despedía con la mano.

 

Entré en mi casa, al llegar a mi cuarto para dejar la camisa que llevaba me di cuenta de que mi ventana daba al patio interior de ese chico, me miró y me sonrió:

 

- No lo he comentado, pero me llamo Edu, tu eres Marina ¿no?- asentí y los dos salimos de nuestras habitaciones.

 

Mis padres me hicieron las típicas preguntas del primer día ¿Qué tal el día? ¿Alguien nuevo? ¿Quién esta en tu clase?  Les conté lo del vecino y todo eso, pero como algo casual, nada de importancia.

 

Al día siguiente no lo vi hasta llegar al instituto, ni siquiera me dirigió la palabra, solo elevo la mirada al entrar yo en clase, me extraño, con lo simpático que estuvo el día anterior, supuse que era exactamente como yo creía, un chulito, no iba a permitir que le vieran conmigo, a ver no es que yo tengo un autoestima tan bajo, no soy fea, pero sé perfectamente que no soy y nunca he sido ningún pivón, no destaco por mi belleza. Yo tampoco hice esfuerzos por hablar con él, estuve hablando con mis amigos de siempre, bueno, la verdad es que tuve una conversación sino menos curiosa con José, en el recreo se me acercó y me dijo:

 

-¿Conoces a Edu, el chico nuevo?

- Si, resulta que es vecino mío, se mudó este verano.

- ¿Crees que es guapo?- dijo con preocupación.

- Es mono, no sé, un poco, pero nada excesivo- mentí, estaba buenísimo, pero no se lo pensaba decir a nadie.

- ¿Crees que le gustara a Inma?

- Ah, ósea que es eso ¿no?, te preocupa que te quite la chica- dije riendo entre dientes.

- Te parece gracioso.

- No, bueno, sí, es que, no se, eres un poquito inseguro, si crees que Inma se va a ir detrás del primer tío bueno que se encuentre, además, ¿tu crees que Conchi es guapa?

- Sí, esta buenísima, y me cae genial, pero yo quiero a Inma- lo dijo como avergonzándose de sus propias palabras.

- Pues hay tienes tu respuesta- se rió dándome la razón.

 

Supuse que Inma le habría comentado algo del chico nuevo, yo había hablado con ella, y estaba más o menos de acuerdo conmigo, él era guapo, pero un poco vacilón, se tiró unos días sin hablarme, a lo sumo, un adiós en el ascensor.

 

Un día al levantarme me tropecé, vale, siempre he sido un poquito torpe, el caso es que me hice un pequeño corte en el dedo y me di un fuerte golpe en el hombro, me hice bastante daño, vi como Edu se reía por la ventana, me molesto y a la vez me sentí un poco avergonzada, aunque reconozco lo cómico de mi caída, mi madre entró corriendo por lo aparatoso de la caída, le dije que no era nada, aunque la verdad es que me hice bastante daño en el hombro, me puso una tirita y me seguí preparando para ir al instituto, al salir de mi casa me encontré de lleno con él, bajé la mirada avergonzada al ver su sonrisa picara, probablemente recordando mi caída. Dentro del ascensor me cogió la barbilla y me levanto la cabeza hasta que nuestras miradas se encontraron:

 

- Siento haberme reído, es que bueno, ha sido gracioso, lo siento.

- Lo sé, tranquilo, es que, bueno, me he hecho daño- dije mientras señalaba mi hombro y le mostraba la tirita.

 

Él cogió mi dedo y se lo acercó a los labios, besó la tirita y se rió. La puerta del ascensor se abrió, tengo que admitir que aunque no me caía muy bien no podía evitar que se me acelerará el corazón al hablar con él, era tan guapo, vale, no me he considerado nunca una persona superficial, quiero decir que no me va a gustar mas o menos alguien por su aspecto, pero tenía 16 años cuando alguien está bueno pues eso que está bueno, no sé si me habéis entendido, lo dudo.

 

Estuvimos hablando hasta llegar al instituto, de nada en particular, las clases los profesores, la verdad parecía mas majo ahora, tal vez lo había juzgado mal, y solo estaba nervioso. No se tal vez con el tiempo podíamos llegar a ser amigos.

 

Ese mismo viernes quedé con algunos amigos. Mientras me estaba terminando de arreglar Edu me silbó por la ventada, la verdad es que me ruboricé un poco:

 

- ¿te gusta?- dije poniendo posturitas, él se rió.

- ¿Has quedado?

- Sí, voy con unos amigos al cine, si quieres puedes venir- lo dije un poco por cortesía, porque sabía que a algunos de mis amigos no le caía muy bien, supongo que lo notó en mi tono, porque dijo que no podía venir.

 

Estuve con mis amigos esa tarde, diría que me divertí, pero más que estar con mis amigos, parecía que estaba con un grupo de policías que me interrogaban:

 

- ¿Te llevas bien con Edu?- se notaba a la legua el doble sentido de esa pregunta.

-  Sí, no es mal chico, es simpático.

- ¿Solo simpático?- esa pregunta salió de la boca de José

- Sí, vale es mono, pero no me gusta, que ya sé que las preguntas van por ahí, y ¿dejamos el interrogatorio?, por favor.

- No- dijeron todos prácticamente al unísono.

- Sois imposibles, jolín.

- Va, dinos la verdad Marina, confía en nosotros.

- Pero si es que no me gusta, de verdad, me conocéis, sabéis que no me dejo engañar por una cara bonita- dije mirando a Alex con la esperanza de que me apoyara.

- Dejadla en paz- dijo Alex, por fin alguien que me defiende pensé- cuando este preparada para decírnoslo lo hará- no sabría decir si eso era una defensa, pero al menos tras unas risitas dejaron el interrogatorio.

 

La verdad es que noté a José un poco raro, supuse que le incomodaba hablar de Edu, probablemente continuaba algo celoso, aunque no sé, porque la verdad es que él sacó el tema. No sé, la verdad es que estaba algo preocupada así que decidí preguntarle:

- ¿Me vas contar que te pasa?- le dije.

- ¿Es que me pasa algo?

-Vale tienes dos opciones- dije con tono amenazante, pero riéndome entre dientes- la primera es decirme que te pasa y yo podría ayudarte o al menos consolarte, y la segunda opción, es que te pases un rato diciendo que no te pasa nada hasta que me canse y entonces me lo dirás porque en fondo te mueres de ganas, tu decides- me levante del banco, pero antes de que pudiera dar un paso me cogió de la blusa y me dio un tirón de forma que me volví a quedar sentada, sonreí ante la victoria y el comenzó a hablar.

- Vale, te lo diré, es lo de siempre, ya te lo he dicho alguna vez…

- ¿Inma?- raro era el mes en que no me comentaba alguno de los dos que el otro estaba raro, o algo por el estilo, así que no solía tomármelo muy enserio.

- Sí, supongo que me repito un poco- hizo un esfuerzo por reírse de su comentario- pero, bueno, verás, la noto demasiado entusiasmada con Edu- le puse mala cara- déjame terminar, es que le he oído hablar con alguna de vosotras sobre él, y la noto un poco distante conmigo, no se hace casi tres días que no hablamos.

- Pues ve a hablar con ella, la tienes ahí en frente, además yo también te noto mas cerquita de Conchi íntimamente- noté como sus labios se torcía dibujando una media sonrisa- lo ves-le recriminé.

- No es lo mismo-le miré con una mirada de desaprobación- vale, tal vez ha llegado el momento de dejarlo.

- No, no, no, no, no pienso tener otra vez esta discusión, o sí o no, te lo piensas, pero no me tengas en vilo como haces siempre, ni a mi ni a ella- me levanté y me fui directamente a hablar con Inma.

 

- Bien ¿Qué pasa?-le dije cabreada a Inma.

- Supongo que has hablado con José- asentí- vale y que te ha dicho.

- Sabes que nunca te lo diré, al igual que no le contaré a él lo que tu me digas.

- Está bien, pues no sé, que ya no es lo mismo, esta distante, y además, está Edu

- Pero si nunca has hablado con él, ¿o si?

- Ya lo sé, pero es tan guapo…

- Vas a tiras tres años de relación por la borda, solo por un tío bueno, que probablemente no conozca tu nombre

- ¿Quién ha dicho que quiera romper con José?

- Eh, no sé, a lo mejor, será cosa mía, pero ¿no me lo acabas de dar a entender?

- Vale, pero no sé, tengo que pensármelo, no le digas nada

- Sabes que no lo haré- asintió y se alejo para hablar con María.

 

Nuria me miró a lo lejos y yo asentí, aunque no os lo creáis, casi todas nuestras conversaciones eran sin palabras. Ella y yo ya estábamos un poquito hartas del rollito que se traían Inma y José, pero son las cosas que debes hacer por los amigos, porque aunque a mí me parezca muy tonto, quien me decía en ese momento que dentro de unos meses no estaría igual con algún tío.

 

El fin de semana fue bastante normal, nada que merezca la pena destacar, así que pasemos al lunes siguiente. Al salir por la puerta vi a Edu esperando delante del ascensor, pero sin pulsar el botón:

 

- ¿esperándome?- no esperaba que así fuera fui solo por hacer la gracia, lo que no esperaba era su respuesta.

- Pues la verdad es que sí, pensé que ya que somos vecinos, y bueno, el instituto no está muy cerca, deberíamos ir juntos para que no nos pase nada- dijo riéndose mientras pulsaba el botón del ascensor.

- Llevo ya varios años yendo al instituto sola, y volviendo, y nunca me ha pasado nada.

- Ya pero nunca se sabe lo que le puede pasar a una muchachita indefensa- dijo mientras se reía y entraba en el ascensor.

- ¿indefensa?

- Hay mucha delincuencia últimamente y es mejor no arriesgarse, las calles son peligrosas para las chicas guapas- me ruborice, tuve que bajar la mirada para que no me viese- es fácil avergonzarte, parece que no estas muy acostumbrada a que te digan cosas bonitas.

- La gente si me dice cosas bonitas, lo que pasa es que casi nunca es sobre, bueno, sobre mi físico, nunca he sido precisamente un bellezón- se rió, yo me avergoncé.

- Eso no implica que no seas guapa.

- Vale ¿podríamos dejar de hablar  de mi aspecto? por favor.

- Esta bien, hablemos del mío, ¿Qué te parezco?

- Ahora mismo, algo creidillo- hizo una  mueca- pero eso no quita para que no seas guapo- ambos reímos al compás.

 

Seguimos hablando hasta llegar al instituto, casi ni me di cuenta de que habíamos llegado, empezaba a cambiar mi opinión sobre él, era simpático y gracioso, no sé, me estaba cayendo mejor. Ese día, Conchi no vino, a segunda hora Edu se dio la vuelta y me dijo:

 

-¿Te importa?- a la vez que dejaba sus libros en la mesa de al lado, la de Conchi.

-No creo que a Conchi le moleste que dejes tus libros ahí.

- Creo que no me has entendido- le hice una mueca- me voy a sentar a tu lado, ya que ella no ha venido.

- Vale, ven a mi vera- se rió mientras se cambiaba de sitio.

 

Observé la cara de desconcierto de Alex y la de cabreo de José, no entendía porqué le caía mal Edu, no había hecho nada para molestarle, al menos que yo sepiese. A esa hora teníamos mates, en esas clases yo no solía prestar mucha atención, simplemente tomaba apuntes, aunque suene mal al decirlo yo, siempre he tenido cierta facilidad con las mates, bueno además Edu no paraba de hablarme, y claro, era complicado seguir la clase.

 

- ¿Te enteras de algo?- me dijo.

- Sí, lo mío son las mates- se rió- ojala pudiera decir lo mismo del francés, la semana que viene tenemos el examen y rezo por el aprobado.

- Té, la empollona- me hizo gracia- hagamos un trato, tú me das clases de mates y yo te doy clases de francés, ¿trato?

- Trato- nos dimos la mano debajo de la mesa, escuché un gruñido que venía seguramente de parte de José, me estaba ya cansando de sus indirectas.

 

Mi relación con Edu había cambiado, se había convertido en mi mejor amigo, todas las mañanas me saludaba al levantarme, él se reía de mi pelo y yo de sus ojeras, nuestras ventanas no estaban una enfrente de la otra, sino que hacían esquina, por decirlo de alguna manera, para alguien atlético resultaría fácil pasar de una ventana a otra, pero superar el miedo a caer desde un noveno, eso es mas difícil. Todos los días íbamos y volvíamos juntos de clase. Y casi todas las semanas quedábamos una vez para darnos clase. Gracias a él conseguí un 8 en Frances todo un record, y el logró un ocho y medio en mates, le hacia rabiar diciéndole que yo era mejor profesora que él, y Edu afirmaba que seguro que había sacado menos nota de la que en realidad podía para presumir de mi capacidad de enseñar, cada día nos llevábamos mejor, además, Alex, empeñado en que Edu me gustaba, mentira, le cambió el sitio para que él se quedara a mi lado, con la excusa de que él quería estar al lado de Lola, porque le caía muy bien.

 

Para situaros un poco en el tiempo, estábamos a mediados de noviembre, faltaba aproximadamente un mes para mi cumpleaños, y los finales estaban cerca. La verdad todo me iba genial, bueno, todo, todo, no, José, no sé que le pasaba, hablé con Inma, parece ser que seguían distanciados, así que decidí llamar a José.

 

- ¿Diga?- dijo José.

- ¿José? Soy Marina, me gustaría hablar contigo, que hace tiempo que  no charlamos.

- Es que has estado muy ocupada con Edu, y claro, yo estoy en segundo plano- dijo José.

- ¿Es eso? ¿Estás celoso?

- No, bueno, puede, es que ya no pasas tiempo con nosotros, tus amigos de antes.

- Pero si quedamos todas las semanas, y siempre hablamos en clase, eres el único que me está recriminando.

- A lo mejor es cosa mía, pero no sé, no es  como antes, has cambiado- me colgó.

 

¿He cambiado? ¿He pasado de mis amigos? ¿Me gustaba Edu? Sabía la respuesta a la última pregunta NO, pero las otras, llamé a Nuria para hablar con ella, sabía que siempre era sincera conmigo.

 

-¿Nuria?

- Si, ¿Marina quieres algo?

- ¿He cambiado?- pregunté yendo directamente al grano

- ¿Has hablado con José verdad? - lo afirmé - solo está, bueno, es que está molesto con Edu, porque cree que tiene la culpa de que Inma este distante con él, en vez de hablarlo con ella, le echa la culpa a alguien que ni si quiera conoce.

- Vale pero entonces, me contestas a la pregunta o no.

- No, sigues siendo la misma, y no, no estas pasando de tus amigos, sé que también me lo ibas a preguntar, a nadie le molesta que tengas un nuevo mejor amigo- intenté protestarle pero no me dejó- Marina, es normal, se que sigo siendo un de tus mejores amigas, y seguimos también como siempre, al igual que con los demás.

- Pero José…

- Déjalo ya se le pasará, solo esta molesto por lo que te he dicho.

- Entonces ¿por qué esta molesto conmigo?

- Porque, Marina, José confía mucho en ti, desde siempre, y ve como Edu te aleja de él, o al menos que confías mas en él, cree que ese chico le ha quitado a dos de las chicas mas importante en su vida- me abrumó la realidad de sus palabras, nunca había pensado en todas las veces que José ha acudido a mi en busca de ayuda, siempre he sido su confidente, a lo mejor le había fallado.

- Gracias por tu ayuda Nuria, te quiero mucho, adiós- colgué el teléfono.

 

Al parecer Edu debió de oír la conversación porque poco después de colgar comenzó a hablarme por la ventana, ya era costumbre dejarla abierta, por si queríamos comentarnos algo.

 

- ¿Qué te pasa rubia?- me dijo

- ¿Has estado escuchando verdad?

- Bueno, yo no quería pero es que…

- No te justifiques no me molesta, ya que lo has oído, ¿que puedo hacer?

-  ¿Quieres que me aleje de ti un poco para que vuelvas a recuperar la amistad con José?

-  No quiero que te alejes de mí por una rabieta de José, pero no sé como solucionar las cosas

- Vale no me alejaré, aunque sería difícil dado que vivimos en el mismo edificio- sonreí mientras el continuaba- pero y si José piensa que nos estamos alejando

- Me parece bien, buenas noches

 

Admin · 84 vistas · Escribir un comentario
Avr212009

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Si al leer esto esperáis la típica historia de de amor súper romántica e interesante, que ya habréis visto en infinidad de películas y leído en no sé cuantos libros, os habéis equivocado, lo siento, pero aunque si hay amor en este libro, no es nada fuera de lo normal solo es la vida de una adolescente de Almería, un chica de 16 años, normal y corriente, bueno, tal vez no tan normal pero nada fantástico, ni que se aleje de la realidad.

 

Admin · 111 vistas · 1 comentario
Avr212009

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Admin · 106 vistas · 1 comentario
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