Se me acercó lentamente, se quedó de pie delante de mí y me dedico una media sonrisa, mostrándome la línea superior de sus perfectos dientes blancos. Puso las manos sobre mis hombros y poco a poco fue descendiendo, recorriendo mi espalda, hasta llegar a la cintura, bajé la mirada, creo que estaba roja de los nervios, no estaba acostumbrada a que los chicos me tocaran con esa dulzura. Inclino ligeramente la cabeza, se fue acercando poco a poco, la sangre me hervía, estaba muy nerviosa, ¿iba a besarme?, en ese momento me di cuenta, me gustaba, ya no merecía la pena negarlo, no serviría de nada. Sus labios estaban cada vez mas cerca de los míos, cuando estaban escasamente a unos milímetros dijo feliz cumpleaños, y justo antes de llegar a las comisuras de mis labios giró la cabeza ligeramente y me besó la mejilla. Me quedé petrificada, no podía creerlo, me había hecho unas entupidas ilusiones.
- Tengo que darte tu regalo- me susurro ligeramente al oído.
- Vvvaaleee- dije, estaba tan nerviosa, que ni siquiera se si se me entendió.
- Espero que te guste…
- No importa lo que sea la intención es lo que cuenta.
- Toma- dijo mientras se sacaba del bolsillo una pequeña cajita, típica de las joyerías.
- ¿Qué es?
- Tendrás que abrirlo para averiguarlo- me lo susurró al oído y después me beso el cuello.
Lo abrí lentamente, las manos me temblaban, creo que aun no me había recuperado de la emoción de cuando creía, bueno, que me iba a besar. Era un anillo preciso con mi nombre grabado, solo mi nombre, no penséis nada mas, que solo aparecía eso, he de reconocer que era un anillo precioso. Él se quedó mirando, esperando mi reacción le sonreí, me puse el anillo y en una especie de acto reflejo le di un rápido beso en la mejilla, pero en ese instante el me sujetó de los hombros fuertemente impidiéndome cualquier movimiento, estábamos uno frente al otro a pocos centímetros, no me quise volver a hacer ilusiones, pero los nervios recorrían mi cuerpo de forma involuntaria, nos quedamos mirándonos a los ojos un buen rato hasta que se rompió el hermoso silencio.
- ¿de verdad te ha gustado?- dijo, sin soltarme aun.
- Si, te lo juro, es precioso.
- Lo compré hace mas de una semana- me soltó lentamente mientras hablaba.
- ¿En serio?- asintió sorprendido por mi incredulidad- Gracias de verdad Edu, estos detalles se aprecian mucho, te lo juro, pero hay algo que querría saber.
- Lo que quieras.
- ¿Por qué no has venido a la fiesta? ¿Es que no te han invitado?
- Si, si me lo dijeron, puse dinero para ir, pero…
- ¿pero…?
- No te lo puedo decir, lo siento.
- ¿Cómo?
- Es que no puedo Marina, lo siento, pero es mejor que no lo sepas.
- ¿Qué me quieres decir con eso? ¿Has estado cometiendo un delito o que?- se rió, lo reconozco era una estupidez- ¿No le habrá pasado algo a algún familiar tuyo?
- No, tranquila, no es nada grave, pero preferiría no contártelo.
- Vale, cuando quieras decírmelo, aquí estaré.
- Lo sé, pero reitero que es mejor que no lo sepas.
- Esta bien, supongo que lo de irte a tu pueblo era mentira.
- Supones bien, pero no sabía que inventarme.
- La próxima vez prueba a decir la verdad.
- Si, pero entonces no te habrías sorprendido al verme en tu cuarto.
- Supongo que hay llevas razón, la verdad, aun me cuesta creer que hayas saltado por el patio.
- Saltar no hace falta, solo estirar un poquito las piernas.
- Aun así, podrías haberte matado.
- Ha merecido la pena solo por ver tu cara al verme aquí sentado, como si creyeras que soy un violador o algo así- se comenzó a reír.
- Reconozco que ha tenido que ser gracioso, por cierto, tus padres no saben que estas aquí ¿o si?
- No, y como se enteren me matan.
- Si, porque eso de ir saltando de ventana en ventana…
- Yo me refería mas bien a eso de estar en casa de una chica a solas con ella a estas alturas de la noche- miré el reloj eran las una y media de la mañana.
- Desde luego a mis padres también les daría un ataque, aunque no estamos haciendo nada malo- se rió de forma muy sugerente.
- Por ahora- me agarró de la cintura.
- ¿Es una proposición?
- Por ahora solo es una sugerencia- dijo mientras me soltaba.
Me tenía muy despistada, si yo no le gustaba por qué se comportaría de esa manera, a lo mejor se comportaba así con todas las chicas y yo solo era una mas en su lista de jovencitas que han caído en sus redes, pero yo nunca lo había visto comportarse de esa forma con ninguna de las chicas del instituto, es mas, yo era casi la única con la que hablada de forma regular, no se, a lo mejor solo estaba de broma, o tal vez y solo tal vez yo le gustase y él intentaba sopesar mi reacción antes de seguir avanzando. Eso era poco probable, nos conocíamos desde hacía ya tres meses, y lo de tomárselo con calme vale, pero esto ya me parecía excesivo. Opté por la opción mas fácil, la que me resultaba más creíble y a la menos dolorosa, estaba de coña, seguro, o al menos eso era lo que yo quería creer.
- Marina, que sigo aquí, ¿En que estas pensando?
- Oh, es que se me ha ido la mente a otra parte, perdona.
- Creo que es tarde, debería irme- se asomó a la ventana, como si fuese a saltar, pero vaciló, se quedó esperando algo, supuse que quería que yo hablase.
- ¿Por qué no te quedas? Mis padres no están y podríamos hablar un rato- observé como se le iluminaban los ojos ante mi proposición.
- ¿Estás segura?
- No tienes porque es solo que me apetecía hablar, la verdad es que sabemos poco de la vida del otro nosotros dos.
- ¿Poco?
- Bueno lo sabemos prácticamente todo desde que nos conoces, pero hay más de dieciséis años de historia que no conocemos.
- Es una excusa un poco tonta, pero cualquiera me vale para quedarme contigo- me acarició la mejilla mientras hablaba.
- ¿Has cenado?
- La verdad es que no, porque mis padres han llegado muy tarde.
- Claro, y tu no sabes hacerte la cena, hombre…- nos reímos.
- Si que se, solo es que no me apetecía nada.
- Bueno, ya son casi las dos de la mañana, pero si te apetece picar algo solo tienes que decirlo, mis padres me han dejado bien provista de comida para este fin de semana.
- Pues ahora que lo dices- le rugió el estómago justo en ese instante- ups, pues si que tengo hambre.
- Sino es por mi te podría dar un desmayo o algo esta noche.
- Mi salvadora…- dijo poniéndose de rodillas.
- Esta bien, venga, vamos a la cocina antes de que te de un jamacuco, no quiero enfermos en mi cuarto.
- Te sigo jefa.
Fuimos a la cocina, la verdad es que yo también tenia hambre, casi no había comido en mi fiesta, solo bailar y hablar, lo de comer lo deje, porque era difícil acercarse a la mesa de la comida con tanta gente por allí. Bueno, volviendo a la cocina, cogí un par de cosas para picar, lo típico, galletas, bolsas de patatas, algo de beber, pero como lo veía con hambre, decidí hacer una pizza de esas de microondas, no ve iba a poner a cocinar a las dos de la mañana. Estuvimos hablando en la cocina hasta que nos lo terminamos todo, me di cuenta de la cantidad de comida que era capaz de ingerir Edu, era casi de Guiness.
- Te ayudo a recoger ¿vale?- me dijo mientras cogía los papales y los tiraba a la basura.
- Está bien, pero tampoco es que haya mucho que recoger.
- ¿Vamos a dormir juntos?
- Ósea que piensas quedarte.
- Si quieres me voy, no, no si yo prefiero que te quedes, y si estaremos en la misma cama, pero eso de dormir…
- Uy, ¿pero qué piensas hacerme?
- Mal pensado- le propiné un codazo- me refería a que íbamos a estar hablando.
- Mal pensada tú, yo no me refería a eso.
- Ya seguro, bueno que ¿vamos a la cama?
- Por supuesto, para hablar, solo para hablar.
Nos tumbamos sobre mi cama, vestidos, ni si quiera con pijama, no era cuestión de cambiarme con él allí, la verdad es que me había visto en pijama muchas veces, y recién levantada, con un pelo que prefiero no describir, pero nunca me había importado, no se por qué esa noche si, quería que me viera tal y como iba, con mi precioso vestido nuevo.
Tal al darme cuenta de que si me gusta intentaba subconscientemente conquistarlo. La verdad es que no estaba muy deslumbrante a esas horas, ambos teníamos una cara de sueño impresionante, pero yo y estoy segura de que él sentía lo mismo, no tenía ganas de acostarme, bueno, de acostarme si, pero no de dormir.
Y allí estaba yo con el chico que me gustaba, en nuestra primera noche juntos y solos, y él no tenía ni idea de lo que yo sentía, y no estaba dispuesta a estropear esa gran amistad diciéndole la verdad, me habían gustado otros chicos y la experiencia me enseñó que si ya somos amigos no es buena idea probar nada, y sí, diecisiete años y sin ningún novio, nunca, ni si quiera un beso, nunca me habían besado de verdad. La verdad es que aunque tuviese asumido que en esos momentos no le interesaba a ningún chico, me molestaba, todas las chicas y chicos que conozco habían tenido algún tipo de historia romántica, ya era hora de que eso me pasara a mí. Pero con Edu era imposible, esta cañón, y nunca saldría con una chica como yo, aunque, de ilusiones también se vive.
Me rodeó con su sus brazos, y un escalofrío recorrió mi cuerpo en ese instante, él lo interpretó como que tenía frío y me abrazó mas fuerte, y eso me gustó, me gustó mucho. La verdad es que no estábamos hablando, solo hay, abrazados sobre mi cama. Hasta que decidí romper el silencio.
- ¿Es qué tienes sueño?
- Es verdad, hemos venido aquí a hablar y vamos a hablar.
- Eso de hemos venido…- me sonrió- tú te has colado en mi habitación por la ventana.
- Llevas razón, bueno, que, ¿quieres saber algo?
- Si, ¿tienes algún hermano?
- Si, un hermano mayor, tiene veintidós años.
- Uh, veintidós, ¿está bueno?
- ¿Qué clase de pregunta es esa?
- ¿Qué pasa? ¿Te has picado? Lo decía porque viendo a su hermano, seguro que él es guapísimo.
- Pero que pontica que eres- dijo mientras me acariciaba la mejilla.
- Oye, lo digo en serio, ya te lo he dicho varias veces, estas muy bueno.
- ¿Por qué tu puedes decirme piropos y yo a ti no? No me parece justo.
- Esta bien, tienes mi permiso para decir lo que quieras de mi, te juro que no me quejaré y no diré nada, lo prometo.
- ¿en serio?- asentí- Vale, pues…no sé.
- Genial, ahora que te dejo no se te ocurre nada que decirme, que pasa, ¿no tengo virtudes?
- ¿Cómo puedes decirme eso? Eres lista, sensata y muy simpática.
- Lo sé- me reí a carcajadas.
- Dijiste te que no ibas a decir nada.
- Cierto, perdona.
- No te disculpes, no podría enfadarme contigo, eres mejor persona que conozco, y muy guapa- le hice una mueca- tu pelo rubio es precioso, sobre todo cuando se le ven los reflejos con la luz del sol, tienes unos ojazos azules que me encantan, me podría perder en tu mirada.
En ese instante se giró sobre mí dejándome entre las colchas y su pétreo cuerpo, me estaba ahogando, pero era más bien de los nervios que de otra cosa. Comenzó a mirarme directamente a los ojos, noté el fuego en lo profundo de sus ojos, en ese momento lo supe, yo también le gustaba.
- Tienes una suave piel blanca, tan bella como la nieve- dijo mientras acariciaba mi cuello con su nariz, notaba su calido aliento en mi garganta, en ese instante lo único que quería era besarle, pero no me atrevía a dar el primer paso, una de sus manos recorrió mi espalda dibujando corazones hasta llegar a mi cintura, y me aferró aun mas a su calido cuerpo, su otra mano se enlazó con mi pelo acariciándome así la nuca. Comenzó a besarme el cuello, lentamente, acercándose cada vez mas a mis labios, no se muy bien porqué pero yo me encontraba inmóvil, no se si era por miedo o por inseguridad, no me atrevía a moverme.
De repente paró, y se separó de mi bruscamente, quedándose al otro lado de la cama, sin rozarme lo mas mínimo. Eso me desconcertó y me hizo sentir bastante mal.
- Lo siento Marina…
- ¿El qué? No lo comprendo.
- Es que no he podido evitarlo, no se, lo siento de veras, no quiero obligarte a nada.
- ¿Obligarme?- estaba perpleja ante esa reacción- No me has obligado a nada, en ningún momento me he sentido forzada a nada, pero ¿Por qué? Quiero decir, que estoy sorprendida, extrañada por lo que acaba de suceder.
- No sé muy bien como explicarlo, cuando te he abrazado, no he podido evitarlo, estas tan guapa- en ese momento volvió a abrazarme.
- Y ¿Qué tiene de malo? No has hecho nada de lo que debas arrepentirte, al menos por mi parte, no se si tu no…- me puso un dedo sobre mis labios para callar lo que iba a decir
- No, no pienses eso, no es que no te quiera.
- ¿Me quieres?
- Como ha mi propia vida.
- No me seas cursi por favor.
- Me estoy declarando y me sueltas eso.
- Perdona, es que estoy nerviosa, continua.
- Pues que lo siento, ¿podemos olvidar lo que ha pasado?
- No lo entiendo mucho, pero está bien- me pegué algo mas a él y él me respondió aferrándome a su cuerpo.
- ¿No te importa verdad? ¿Me perdonas?
- De verás que no, y si te soy sincera no tengo nada que perdonarte, he disfrutado bastante con esa, no se como llamarla, eh, esa escenita.
- ¿escenita? Así lo llamas- pareció molesto- es que haber…
- No te molestes, es que no sabía como llamarla, tranquilízate.
- Me resulta difícil tranquilizarme contigo al lado- dijo mientras su mano subía casi involuntariamente por mi muslo hasta subir ligeramente el vestido- no se como controlarme
- ¿Controlarte? ¿Quién dice que tengas que hacerlo?- agarró un puñado de tela de mi vestido y me besó detrás de la oreja.
- Lo siento- me susurró.
- Me tienes demasiado desconcertada esta noche, me ocultas algo, lo sé, hay algo que yo no sé, estoy segura, pero no sé por qué te rayas de esa manera, no tienes que demostrarme nada, no tienes que hacer nada que no quieras, yo tampoco quiero que te sientas presionado a hacer nada.
- ¿Es que tu quieres hacer algo?
- No se, ahora mismo estoy demasiado desconcertada, además, por qué seguimos hablando de esto, lo olvidamos y ya esta.
- Gracias… de veras.
¿Qué pasaba? ¿Qué había hecho mal? ¿A qué venía eso? ¿Le preguntaba o me callaba?, no sabía que hacer, me encontraba triste y desconcertada, no comprendía esa situación, podía entender que yo no le gustara, no me extrañaría si así fuera, pero entonces no tenía sentido lo que había hecho, por él contrario a lo mejor no quería hacerlo, puede que solo fuese, no se, algo involuntario, por eso cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo paró repentinamente, me moría por hablar con él, lo que pasa es que tenía una mirada de tristeza, de culpabilidad, lo que no vi en su mirada fue arrepentimiento, eso en el fondo me gustó y me hizo sentir bastante mejor. Me estaba abrazando, aunque con frialdad, no era como antes. Sabía que aunque él decía que lo iba a olvidar, y que todo sería como antes, sabía que mentía nada sería como antes, nada, y creo que eso era malo, porque estábamos tan bien, hasta ese momento, tenía que contárselo a alguien, necesitaba desahogarme, pero ¿a quien?, además, creo que era mas inteligente callarme, porque remover lo sucedido esa noche solo empeoraría las cosas, o al menos eso pensaba en ese momento.
- ¿Quieres que me vaya? Solo tienes que decírmelo, no me enfadaré te lo juro.
- ¿Es que quieres irte tú?
- No…
- Yo preferiría que te quedaras, pero si quieres irte…
- No quiero que dejemos de ser amigos.
- Eso espero.
- ¿Esperas?- le sorprendió mi reacción, pero era lo que pensaba de verdad.
- No te engañes Edu, vamos a tardar en olvidarlo, y nos va a costar que todo vuelva a la normalidad.
- Nos va a costar, pero lo vamos a conseguir, ¿verdad?- bajé la mirada, él me levantó la cabeza intentando encontrarse con mi mirada, pero yo no se lo permití, no dejé de mirar hacia abajo en ningún momento- por favor, tenemos que volver a ser como antes.
- Lo intentaremos, pero me debes una explicación.
- Lo sé y te la daré, te lo prometo.
- En serio, me lo tienes que decir.
- Esta bien, lo haré, pero hoy no.
- No tengo prisa- dije mientras le besaba la mejilla.
- Te lo agradezco- me susurró al oído.
Poco después de esta conversación me dormí, creo que él también, aunque no estoy segura, era ya bastante tarde. Esa noche repetí constantemente en mis sueños lo sucedido esa noche, no podía sacármelo de la cabeza, no es que quisiera es que necesitaba entender lo sucedido, aunque no tenía mucha experiencia en cuestión de chicos sabía de sobra que eso no era normal.
Cuando me desperté, a eso de la diez, el seguía a mi lado, estaba durmiendo, no quería despertarle así que me deshice como pude de la atadura de sus brazos, me levanté y fui a asearme al cuarto de baño, que pelos llevaba, creo que él había estado acariciándome el pelo toda la noche, porque estaba revuelto, el vestido estaba totalmente arrugado, es lo que tiene dormir con un vestido nuevo, que desastre. Me peiné con una coleta alta, disimulando lo enredado de mis cabellos. Me cambié y me puse unos vaqueros, una blusa negra, y una chaqueta gris, típica ropa para limpiar la casa, no tenía hambre, por lo que me lavé los dientes sin desayunar, me quedé viendo la tele en el salón, la puse bajita para no molestar a Edu.
Tras todo eso me encontraba más despejada, lo vi todo mas claro, si él quería olvidar lo sucedido, a mí me perecía bien, preferiría que no fuese así, pero lo soportaría. Mejor intentar seguir siendo amigos, aunque nos costara bastante, que estar dándole vueltas a un momento de debilidad. El problema era ese, el volver a ser amigos como antes, yo haría lo posible por seguir tratándole de la misma manera, pero yo no estaba tan segura de si él sería capaz de olvidarlo o al menos dejarlo correr de la misma manera que yo estaba dispuesta a hacerlo.
Escuche ruido en mi cuarto, supuse que se abría despertado, entré para ver si estaba despierto. Pasé sigilosamente, para no molestarlo por si seguía durmiendo. Pero, en efecto, estaba despierto haciendo la cama, que aunque habíamos dormido sobre las sábanas, aunque con tanto ajetreo se había desecho bastante, la verdad, me gustó verle haciendo la cama, como un hombre de su casa, vale suena estúpido, pero es raro un chico que se ocupe de las tareas del hogar voluntariamente.
- ¿Qué haces?- le dije.
- ¿No lo ves?- dijo mientras señalaba la cama- Hago la cama…
- Ya, pero no hace falta.
- Que mas te da, es solo una ayudita.
- Vale, gracias, ¿te apetece que haga el desayuno?
- Creo que debería irme a casa.
- Bueno, vale, la verdad es que llevas toda la noche y la mañana sin portar por tu casa, tus padres estarán preocupados.
- En realidad, podría quedarme, porque mis padres está mañana salían temprano para comprar unas cosillas, así que si sigue en pie lo del desayuno…
- Claro, ¿Qué te apetece?- le pregunté algo desconcertada, porque, se que suena extraño, era como si quisiese quedarse pero, a su entender, no debiera, aunque como yo quería que se quedase, no hice ningún comentario al respecto.
- No se ¿Qué tienes?
- Pollo y cerveza, no te jode, pues que va a haber, leche, zumo, tostadas, bollos, lo típico
- Tranquila, tranquila, a ver si me vas a pegar- hizo un gesto, poniéndose a la defensiva y riéndose.
- Ten cuidado conmigo nene- le di un puñetazo flojito en el hombro.
- Eres chunga nena.
- Vamos a dejar la tontería, ¿Qué quieres de desayuno?
- No sé, leche y tostadas- dijo mientras terminaba de hacer la cama.
- Vale, voy a hacerlo, ¿y tú?
- Yo ¿qué?
- ¿Qué piensas hacer mientras?
-Seguirte- dijo mientras ambos salíamos de la habitación y yo le dedicaba una picara sonrisa.
No podía evitarlo, no dejaba de mandarle sonrisitas y acariciarle en cuanto tenía la oportunidad. No se si él se daba cuenta, aunque si he de ser sincera prefería que no, porque lo hacía involuntariamente y me daba vergüenza cuando me daba cuenta de lo que yo misma intentaba lograr. Prepare un par de tostadas y dos vasos de leche, mientras yo lo preparaba él puso la mesa, he de reconocer que se le daban bien las tareas del hogar.
- Bueno que, ¿Piensas quedarte todo el fin de semana en mi casa?
- ¿Me estas echando?- dijo con tono suficiencia.
- No, en realidad prefiero que te quedes, total, mis padres no volverán hasta mañana por la noche, así que…- no me dejó terminar.
- Claro, y como yo no tengo padres, ni familia que se preocupe por donde paso el fin de semana, no hay problema.
- Vale, vale- dije callándole- no hace falta que reacciones de esa manera, era solo una sugerencia.
- No te enfades rubia, si sabes que lo dijo con cariño.
- Pues que forma más rara de demostrar tu cariño que tienes- dije riéndome.
- Que no puedo quedarme- me dí cuenta que quería cambiar de tema, lo noté incómodo, y creí saber por qué, le recordó a lo de la otra noche, así que entendiéndole cambié de tema.
- Está bien, te puedes que dar todo el tiempo que quieras.
- Lo sé, pero será mejor que me vaya ya, no vaya a ser que lleguen mis padres y no me vean.
- Si, y cámbiate de ropa, porque eso de que vayas igual que ayer es sospechoso…- nos reímos juntos.
Me ayudó a recoger la mesa y a fregar los platos, tras esto le acompañé a mi cuarto para ver ese impresionante salto a través del patio para llegar a su habitación. La verdad es que saltó de forma bastante grácil, tenía estilo.
- Ves- me dijo con cierto tonito de superioridad- salté de verdad
- Cierto, pero son cosas que si no las veo no las creo- me reí
- Tienes que tener un piquito más de fe en la gente
- Si aprendido algo en la vida es a no ilusionarte de tener fe en nadie que no sea yo misma
- Vale…- se fue y yo me alejé de la ventana, no me di cuenta de lo que él había interpretado en mis palabras, pero no era mi intención, no quería decir eso, bueno, no es que no lo pensara, que si, es solo que se me escapó.
Cuando me dí cuenta eran casi las dos de la tarde, pero no tenía ganar de comer ese día. Dí una vuelta por la casa, estaba todo limpio y ordenado, no tenía nada que estudiar, porque el lunes daban las notas, estaba cansada para salir con alguien y no quería ver la televisión, como no sabía que hacer, pensé en llamar a Nuria para hablar un rato con ella, pero en el momento en el que cogí el teléfono comenzó a sonar, Jose, ¿Qué querría? Lo cogí.
- ¿Marina?
- Si, ¿Qué quieres José?
- Si te molesto cuelgo- la verdad es que sin querer fui un poco seca en la respuesta
- Lo siento, es que, bueno, que perdona, ¿para que llamabas?- se notaba a la legua lo nerviosa que estaba, pero claramente no tenía nada que ver con él, a lo mejor él creyó que si, no sé, aunque la verdad es que no me importaba lo que Jose creyese en ese momento
- En realidad quería disculparme, creo que no me porte del todo bien contigo el día de tu cumple, y quiero disculparme
- Te lo agradezco de veras, estos detalles se valoran
- Si, bueno, la verdad es que no me porte nada bien, no debí discutir con Inma ayer
- Disculpas aceptadas, pero solo si me cuentas por qué discutíais…
- Muy interesada eres tú me parece- nos reímos debido a su tonito
- Si no me lo puedes contar lo entiendo, pero tengo curiosidad
- Si, si puedo, es que, va, si es lo de siempre…
- No podéis seguir así
- Lo sabemos, el caso, es que está empeñada en que me gusta otra
- Y ¿Puedo saber quién esa otra?
- No quieras saber más de la cuenta…
- Vale, pero solo quiero saber ¿te gusta esa?
- No, solo me cae muy, muy bien y es guapa, pero…
- Como sigas hablando así de ella me lo voy a creer yo también
- Es que un chico no puede llevarse bien con una chica sin que le guste- reconocí mis palabras en esa frase, que arte tenía para darle la vuelta a la situación, la verdad es que tras la noche anterior empezaba a dudar de mis palabras
- ¿Eso va con segundas?
- Creo que ya conoces la respuesta- me dijo
- Si, bueno sigue explicando
- Es simple, él dijo ella dijo
- Se un poquito mas especifico, por favor
- Me dijo que si me gustaba ella, y yo le dije que yo la quería, le dije exactamente, Inma eres la persona a la que quiero
- Y ¿te creyó?
- No demasiado, por eso discutimos- bajo la voz al decir la palabra discutir
- ¿Debería hablar con ella, o prefieres que lo deje estar?
- ¡No!- se sobresaltó- No se lo digas, por favor, no debe enterarse de esta conversación
- Está bien, tranquilo, no le diré nada, lo juro
- Se que puedo confiar en ti- dijo con voz tenue
- Gracias…Tengo que colgar, pero gracias
- No hay porque darlas, adiós José- colgó y yo me puse a ver la tele
Ya estaba harta, creía que lo mejor era que José e Inma rompieran, es verdad que estarían un tiempo algo incómodos, sin hablar, pero un par de meses todo de habría olvidado, o al menos enterrado y se podría volver a la normalidad. De esta manera estamos todos en una situación incómoda cada mes, se que no lo pueden evitar, pero su relación, por extraño que suene nos concierne a todos, se que parece un poco ilógico, os lo explicaré. Pensad en una pareja de novios que sean amigos vuestros, ambos, me refiero a que tanto él como ella sean amigos, no conocidos amigos de verdad, y se pelean, ¿de qué lado estaríais? Podríais decir, fácil de ninguno, si, pero pensad esa situación, de que no podáis hablar mas con uno que con otro, porque alguno se enfade, que cuando quedéis toda la pandilla, haya que llamarlos a los dos para que no creas que estas del lado del contrario, y encima, si vienen, que lo normal es si él/ella vienen yo no voy, no se dirijan la palabra, esa tensión de alguien enfadado, sufriéndolo toda la pandilla, y no puedes dejarlos hasta que se le pasen porque entonces con quien se enfadan es contigo, por no apoyarle o no animarles en malos momentos. Suena duro verdad, pues imaginaros eso cíclicamente, prácticamente cada mes, o incluso dos veces en un mismo mes. Mejor una sola y última vez que tantas veces.
No me parecía justo intentar que rompieran por mi culpa, pero lo veía como la mejor salida ante esa situación. Yo no era la jefa de un teatro de marionetas, me refiero a que no debía manejar a la gente de esa manera, no era justo, para nadie, el problema es que la situación actual tampoco era justa para nadie. Estuve pensando un rato en que debía hacer, sabía que es ese momento la relación de Inma y Jose estaba en la palma de mi mano, me sorprendí de mis propios pensamientos, eran tan, no sé, perversos, lo de la incomoda situación era solo una excusa para no sentirme culpable por hacer que ellos rompieran, porque la única y verdadera razón para hacerlo era solo mi propio beneficio, solo quería que parara esa situación, pero porque yo estaba harta, no porque creyera que afectaba a nadie mas. Era bastante egoísta pensar así, pero que mas da, os daré una lección para esta vida, hay que ser egoísta de vez en cuando, no es algo malo, lo malo es que la gente se cuenta, se pueden hacer ciertas cosas mal por propio beneficio, pero que nadie se de cuenta, ese es el truco para triunfar en la vida. La pena es que yo aprendí esa lección a fuerza de golpes, algunos durillos, con el tiempo he aprendido a no confiar en nadie, si recordáis al principio del libro dije que tenía mis secretos, pues esta es la razón. Una persona es esclava de lo que dice y dueña de lo que calla. El problema era que aunque de verdad que yo pensaba todo eso, lo creía y lo creo en la actualidad, me resultaba difícil ponerlo en practica, era duro ir en contra de la naturaleza de una misma, pero de vez en cuando, solo de vez en cuando, lo ponía en practica.
Dejando a un lado las lecciones filosóficas, tenía que pensar bien como jugar mis cartas si no quería terminar peleada con media pandilla. A las cuatro más o menos, yo todavía sin comer, llamó mi madre para ver que tal estaba.
- ¿Qué tal estas?- dijo mi madre
- Bien, aquí, descansando
- ¿Has comido?
- Si- era mas fácil que contarle la verdad, y mas rápido- la pizza
- Y ¿Cómo te lo estas pasando?
- Bien, se esta a gustito un tiempecillo sola
- Vale- se rió
- Y vosotros ¿Qué tal?
- Bien, mañana volvemos, llegaremos allí sobre las 8 o las 9, así que estate preparada, no hagas nada malo sobre esa hora- se rió
- ¿Está papa por ahí?
- Ahora no puede ponerse, pero, ¿es que no te apetece hablar conmigo?- creo que le ofendió mi comentario
- Si, si claro, bueno, cuéntame algo
- Ya te lo contaremos todo, pero quiero saber cómo estás pasando el fin de semana sola- por si no se nota era la primera vez que me quedaba sola mas de una noche es casa
- Creo saber por donde vas, ¿es que no confías en mí?
- Sabes que si- gruñí, estaba claro que no del todo- es solo que…
- Es solo que no te fías, pero me parece normal, chica sola con 17 años en casa, padres fuera el fin de semana, Woo, ¿Qué hará sola?
- Está bien, no te enfades Marina
- Bueno, mamá, estoy cansada, te importa que colguemos
- No tranquila luego llamaré- colgamos el teléfono
No es que estuviera enfadada, pero no tenía ganas de seguir hablando, estaba agotada. Me pasé la tarde sin hacer nada especial, pero a eso de las ocho o las nueve tocaron a la puerta, Edu, ¿Qué querría?
- ¿Molesto?- me dijo
- Tú nunca molestas, ¿querías algo?
- Hablar un rato contigo, aunque si tienes algo que hacer…
- No, en serio, pasa, pasa- nos dirigimos al salón y nos sentamos, yo en el sofá y él en un sillón, creo que no se atrevía a acercarse a mi, pero bueno, ya me esperaba que costara volver a la normalidad.
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